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Autora: Ana Muñoz

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En el pasado, este trastorno recibía el nombre de histeria. Después pasó a llamarse Trastorno de somatización y en la clasificación actual del DSM-V recibe el nombre de trastorno de síntomas somáticos. Ha pasado a englobar los trastornos que antes se llamaban trastorno por somatización, trastorno por dolor y un amplio porcentaje de personas que antes se diagnosticaban de hipocondría.

Consiste en la aparición de numerosos síntomas físicos que provocan malestar emocional significativo o causan un mal funcionamiento en la vida de estas personas. No obstante, a veces aparece un único síntoma especialmente severo, como puede sucede en el caso del dolor.

Los síntomas pueden ser específicos (como un dolor localizado) o vagos e inespecíficos (como puede ser la fatiga). A veces, se trata de sensaciones corporales o malestar corporal normales que, por lo general, no implican la existencia de una enfermedad.

Los síntomas pueden estar o no asociados con una enfermedad médica y este trastorno puede darse junto con alguna enfermedad física. Aunque es frecuente que los síntomas o parte de ellos no tengan una explicación médica, lo que realmente define el trastorno no es la ausencia de explicación sino el excesivo malestar, preocupación y ansiedad que dichos síntomas causan en la persona. Es decir, aparecen pensamientos, emociones o conductas excesivas y exageradas relacionadas con los síntomas o con preocupaciones por la salud asociadas a ellos que se manifiestan por, al menos, uno de los siguientes aspectos:

  • Pensamientos desproporcionados y persistentes sobre la gravedad de los síntomas.
  • Un nivel de ansiedad intenso y persistente relacionado con la salud o los síntomas.
  • Dedicación de un exceso de tiempo y energía a estos síntomas o a las preocupaciones por la salud.

El trastorno de síntomas somáticos se caracteriza por ser persistente, durando, por lo general, más de seis meses.

Cualquier parte del cuerpo puede verse afectada y entre los síntomas que pueden aparecer se encuentran: dolores de cabeza, náuseas, vómitos, hinchazón, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento, dolor menstrual, fatiga, desvanecimientos, coito doloroso, pérdida del deseo sexual, dolor al orinar, problemas de erección o eyaculación, síntomas psiconeurológicos. Es habitual que estas personas padezcan también ansiedad o depresión.

Suelen describir sus síntomas como insoportables o lo peor que se pueda imaginar y, a menudo, se vuelven dependientes y manipuladores en sus relaciones y exigen atención y cuidados, llegando a enfadarse si los demás no satisfacen sus necesidades. No suelen ser conscientes de que su problema principal es psicológico y buscan ayuda médica. Aunque a veces sus síntomas les reporten ganancias secundarias, no es raro que se sientan culpables y duden de su capacidad y valor personal.

Tienen un alto nivel de preocupación por la existencia de una enfermedad. Consideran sus síntomas como una grave amenaza y tienden a pensar lo peor de su salud, creyéndose gravemente enfermos. En los casos más graves, está preocupación adquiere un papel central en sus vidas y domina sus relaciones con los demás.

Al preguntarles, algunas personas relacionan sus síntomas con otras fuentes de malestar en sus vidas, mientras que otras afirman que su único problema son sus síntomas físicos.

Tienden a acudir a menudo a los servicios médicos, que rara vez alivian su malestar. Como consecuencia, pueden visitar a numerosos médicos, en busca de aquél que logre curarles. Sin embargo, no suelen responder a los tratamientos médicos que, a veces, incluso agravan sus síntomas. Algunas de estas personas son especialmente sensibles a los efectos secundarios de los medicamentos.

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