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Autora: Ana Muñoz

Los estilos de crianza que los padres y madres utilizan con los hijos se han clasificado en tres tipos:

Estilo autoritario

Los padres que utilizan este estilo valoran sobre todo la obediencia y el control. Tratan de hacer que los niños se adapten a un estándar de conducta y los castigan con dureza si no lo hacen. Son más indiferentes y menos afectuosos que otros padres. Sus hijos tienden a estar más inconformes, a ser retraídos e insatisfechos.

Estilo permisivo

Son padres que valoran la autorregulación y la autoexpresión. Hacen pocas exigencias a sus hijos, dejando que sean los mismos niños quienes controlen sus propias actividades tanto como sea posible. Consultan con sus hijos las decisiones y rara vez los castigan. No son tan controladores y exigentes y son relativamente afectuosos. Sus hijos en edad preescolar tienden a ser inmaduros, con menor capacidad de autocontrol y menor interés en explorar.

Estilo democrático

Estos padres respetan la individualidad del niño aunque hacen énfasis en los valores sociales. Dirigen las actividades de sus hijos de un modo racional. Respetan los intereses, las opiniones y la personalidad de sus hijos, aunque también los guían. Son cariñosos y respetan las decisiones independientes de sus hijos, aunque se muestran firmes para mantener las normas e imponen castigos limitados. Explican a los hijos los motivos de sus opiniones o de las normas y favorecen el intercambio de opiniones.

Los hijos se sienten seguros porque saben que sus padres los quieren y porque saben lo que se espera de ellos. En edad de preescolar, los hijos de estos padres tienden a confiar más en sí mismos y a controlarse, manifiestan interés por explorar y se muestran satisfechos.

Por tanto, el estilo democrático de paternidad parece ser el más beneficioso para los niños. Estos padres tienen unas expectativas razonables y unas normas realistas, lo cual amplía la competencia de sus hijos. En cambio, los hijos de padres autoritarios tienen un control tan estricto que a menudo no pueden tomar una decisión sobre un comportamiento en particular porque están demasiado preocupados por lo que sus padres pensarán o harán.

Los niños de hogares permisivos reciben muy poca orientación o guía por parte de sus padres. Esto hace que a menudo se vuelvan inseguros y ansiosos porque no saben si lo que hacen es correcto.

En los hogares democráticos existen normas y los padres dejan claro lo que esperan de sus hijos, lo cual da seguridad a los niños. Se espera de ellos que cumplan sus compromisos y participen en las obligaciones y en la diversión de la familia. Estos niños saben lo que significa cumplir con sus responsabilidades y conocen la satisfacción de cumplir con ellas y lograr el éxito. Por este motivo son más competentes y tienen una mayor confianza en sí mismos.

La importancia del amor hacia los hijos

Durante los primeros cinco años de vida, el aspecto más importante de la paternidad es cómo se sienten los padres respecto a sus hijos y la manera como demuestran sus sentimientos. En investigaciones realizadas con adultos, la influencia más importante que sus padres han tenido en ellos, estaba relacionada con cómo los habían amado, jugado con ellos y demostrado su afecto, sobre todo las madres.

Los niños más amados se convierten en adultos más tolerantes con los demás, más comprensivos y con más interés por los demás. Las personas que han crecido en hogares donde se les consideraba un fastidio y una interferencia en la vida de los adultos eran menos maduras. Sus padres no habían sido tolerantes ante el ruido, el desorden o el alboroto típico de los niños, y habían reaccionado de manera desagradable ante la agresividad de los niños o ante el juego sexual normal de la niñez y las expresiones de dependencia.

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