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Autora: Ana Muñoz

La pleura es una membrana epitelial de dos hojas; una interna, que envuelve el pulmón adhiriéndose fuertemente a él, y otra externa, que se adhiere a la pared torácica. Queda entre ambas una cavidad que contiene un líquido seroso. Tiene la misión de facilitar el deslizamiento de los pulmones en la caja torácica, en la inspiración y expiración.

El derrame pleural consiste en un aumento de líquido en dicha cavidad. Esto se observa en cinco circunstancias diferentes:

  • Por aumento de la presión hidrostática, como en la insuficiencia cardiaca congestiva derecha.
  • Por aumento de la permeabilidad vascular, como en la neumonía.
  • Por disminución de la presión oncótica, como en el síndrome nefrótico.
  • Por aumento de la presión intrapleural negativa, como en la atelectasia.
  • Por disminución del drenaje linfático, como en las carcinomatosis mediastínicas.

El derrame pleural puede ser inflamatorio o no inflamatorio.

Derrame pleural inflamatorio

Se debe a una inflamación de la pleura (pleuritis). Las causas habituales de pleuritis son los procesos inflamatorios intrapulmonares, como la tuberculosis, neumonía, infartos de pulmón, abscesos de pulmón y bronquiectasias. También pueden ocasionar una pleuritis la artritis reumatoide, el lupus eritematoso diseminado, las infecciones generales difusas y otros procesos generalizados. La radiación utilizada en el tratamiento de los cánceres de pulmón es una causa frecuente de pleuritis.

Consecuencias

En la mayoría de los casos la cantidad de líquido es pequeña y se acaba reabsorbiendo. Cuado se acumulan grandes cantidades de líquido se reduce el espacio ocupado por los pulmones dando lugar a dificultad respiratoria.

Cuando el líquido pleural contiene pus (empiema) suele deberse a la invasión bacteriana o micótica del espacio pleural debido, por lo general, a una infección intrapulmonar. El empiema puede ser reabsorbido, pero lo más frecuente es que se produzca la formación de adherencias fibrosas que a menudo hacen desaparecer el espacio pleural o encapsulan a los pulmones, pudiendo dificultar seriamente la expansión pulmonar.

Derrame pleural no inflamatorio

Las colecciones no inflamatorias de líquido en la cavidad pleural se llaman hidrotorax. La causa más frecuente es la insuficiencia cardiaca y por este motivo suele acompañarse de congestión pulmonar y edemas. También puede formarse un hidrotorax en otras enfermedades generales acompañadas de edemas generalizados, como en la insuficiencia renal y la cirrosis hepática. En líquido suele depositarse en la base del pulmón cuando el paciente está en pie y produce comprensión y atelectasia (estado de contracción y falta de aire en todo el pulmón o parte de él). Si el proceso que lo causa mejora, el líquido puede reabsorberse sin dejar ninguna alteración.

El derrame de sangre en la cavidad pleural recibe el nombre de hemotorax. Casi siempre es una complicación mortal de la rotura de un aneurisma aórtico o de un traumatismo vascular. Suele producir la muerte en cuestión de minutos a horas.

El quilotorax, consiste en una acumulación de líquido de origen linfático. Está producido fundamentalmente por traumatismo u obstrucción del conducto torácico que se produce tras la ruptura de los conductos linfáticos principales. Se encuentra esto en cánceres que surgen en la cavidad torácica y obstruyen los conductos linfáticos principales.

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Bibliografía:
- Medicina interna. Farreras, Rozman. Mosby/Doyma libros
- Patología estructural y funcional. Robbins. Interamericana-McGraw-Hill
- Manual de patología general. S. de Castro del Pozo. Masson
- Tratado de fisiología médica. Guyton. Interamericana-McGraw-Hill

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