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Psicología / Psicosomática


Convulsiones psicógenas (no epilépticas)

 

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Cómo se diagnostican las convulsiones psicógenas

 

Mientras que los EEGs suelen resultar útiles en el diagnóstico de la epilepsia, a menudo son normales en personas con epilepsia y no debería utilizarse de manera aislada para su diagnóstico. La prueba más fiable para el diagnóstico de convulsiones psicógenas es el video-EEG. Consiste en monitorizar a una persona mediante una videocámara y mediante un EEG durante varias horas o días hasta que se produzca un ataque. Mediante el análisis del video y el EEG puede realizarse un diagnóstico bastante acertado.


Existen algunas pistas que pueden indicarnos que se trata de convulsiones psicógenas:

 

  • Los fármacos antiepilépticos no producen ninguna mejoría del paciente.

  • Existencia de desencadenantes específicos que no suelen darse en los ataques epilépticos. Por ejemplo, desencadenantes emocionales, como estar estresado o sentirse emocionalmente mal. Otros desencadenantes que sugieren la existencia de convulsiones psicógenas son el dolor, ciertos movimientos, sonidos, luces, sobre todo si suelen causar ataques de manera consistente.

  • Convulsiones que ocurren sólo en presencia de otras personas o únicamente cuando el paciente está solo.

  • Las convulsiones psicógenas no ocurren durante el sueño, aunque a veces lo parezca y aunque a menudo el paciente informe de que estaba durmiendo.

  • Ciertos detalles de los episodios incluyen características que no son consistentes con la existencia de ataques epilépticos, como movimiento de la cabeza de un lado a otro, movimiento bilaterales no sincrónicos (como pedalear), gemidos, tartamudeo y arquear la espalda.

  • La existencia de una historia de otros problemas de origen psicológico como fibromialgia, dolor crónico y fatiga crónica suelen ser un indicativo de que se trata de convulsiones psicógenas.

  • Antecedentes de trauma sexual o abuso.

  • Existencia de síntomas psíquicos como ansiedad, depresión, un afecto inapropiado o ausencia total de preocupación, quejas somáticas múltiples y vagas e interacciones anormales con los miembros de la familia.

  • Mantener los ojos cerrados durante los ataques (en la epilepsia los ojos permanecen abiertos).
    Inicio y cese gradual de los ataques.

  • Movimientos pélvicos (sobre todo empujar hacia delante).

  • Duración prolongada (2 a 3 minutos)