
Relación con los padres
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Los padres han de encontrar el
equilibro entre dar a sus hijos suficiente independencia y
protegerlos de su inmadurez. Si la independencia emocional de la
familia se da demasiado pronto puede tener consecuencias
negativas, como aislamiento del adolescente, influencia de
compañeros negativos, comportamiento insano, consumo de drogas o
actividad sexual prematura. No obstante, es importante que los
padres permitan a sus hijos asumir algunos riesgos. Emprender
alguna actividad nueva, enfrentar un nuevo desafío, hacer nuevos
amigos, aprender alguna habilidad difícil o resistir la presión
de los compañeros son retos que llevan al crecimiento.
El tipo de paternidad que parece
aportar el mejor equilibrio es la democrática, pues ofrece
aceptación y calidez, capacidad para actuar según normas y
valores, deseo de escuchar, explicar y negociar, otorgar
autonomía psicológica y animar a los hijos a formar sus propias
opiniones. Los padres democráticos ejercen control sobre su hijo
o hija pero no sobre su sentido de sí mismo o identidad.
Conceder autonomía psicológica ayuda a los hijos a ser más
responsables; la calidez en la relación ayuda a fortalecer la
autoestima y las habilidades sociales, y el control del
comportamiento les ayuda a controlar el comportamiento impulsivo
típico de la adolescencia.
Los padres democráticos explican
sus razones a sus hijos. De este modo reconocen que los
adolescentes pueden evaluar las situaciones de manera
inteligente. Cuanto más fuerte sea el interés de los padres en
la vida de sus hijos, más probable es que estos logren metas más
altas.