La llegada de un nuevo
hermano
Cuando llega un nuevo hermano, los
niños reaccionan de diversas maneras. Algunos hacen un retroceso a
comportamientos anteriores: se chupan el dedo, se orinan en la ropa,
toman leche del biberón o hablan como niños más pequeños. Otros
sugieren a la madre que se deshaga del nuevo bebé, lo lleve de nuevo
al hospital o lo tire a la basura. Otros se retraen y dejan de
jugar. En cambio, otros niños se sienten orgullosos de ser los
"mayores", capaces de ir al baño y vestirse solos y ayudan a cuidar
al bebé.

La mayor parte de los problemas de
comportamiento de los hermanos mayores suele desaparecer cuando el
bebé alcanza los ocho meses de edad.
No es raro que la llegada del nuevo
hermano produzca un cambio en el modo en que la madre trata al
hermano mayor. Puede que juegue menos con él o ella, le riña más,
sea menos sensible a sus intereses e inicie menos conversaciones. No
obstante, en estos cambios influye también la personalidad del hijo.
Si el niño toma la iniciativa y busca a su madre para charlar o
jugar con ella, es probable que tenga menos problemas que si se
retrae y aísla de ella.
Puede servir de ayuda explicar al
niño que va a tener un nuevo hermano y hablar con él o ella sobre el
tema, de modo que pueda ir haciéndose a la idea. También es
aconsejable ir haciendo algunos cambios en la vida del niño
antes de la llegada del nuevo hermano, como llevarlo a la guardería
o trasladarlo a otra habitación.
Es importante que los padres acepten
la ansiedad y los celos como algo normal a la vez que protegen al
nuevo bebé de las posibles expresiones peligrosas de esos
sentimientos. Pueden animar al niño a ayudarlos con el bebé o a
jugar con él.
Por último, los hermanos mayores se
adaptan mejor a la llegada de su nuevo hermano cuando el padre les
dedica atención y tiempo extra para compensar la mayor dedicación de
la madre al recién nacido.
Por lo general, los hermanos suelen
llevarse bien, y los más pequeños establecen un vínculo
estrecho con los mayores, los prefieren como compañeros de juegos y
se dirigen a ellos en busca de seguridad cuando aparece un extraño.
Un niño de un año de edad pasa más tiempo con sus hermanos que con
sus padres.