Patrones de transmisión
genética
Durante la década de 1860, un monje
austriaco llamado Gregor Mendel estableció los fundamentos de la
herencia genética mediante experimentos realizados con plantas.
Mendel cruzó plantas de alverja que
sólo producían semillas amarillas, con plantas que sólo producían
semillas verdes. Todas las plantas resultantes produjeron semillas
amarillas, lo cual significaba que el amarillo era dominante sobre
el verde. Sin embargo, cuando plantó los híbridos, sólo el 75% de
sus descendientes tuvieron semillas amarillas, mientras que el resto
tuvo semillas verdes.
Después, Mendel trabajó con dos rasgos
a la vez: cruzó plantas que producían semillas amarillas redondas,
con plantas que producían semillas verdes rugosas y descubrió que el
color y la forma se transmitían de forma independiente, demostrando
así que los rasgos de la herencia se transmiten por separado.
En la actualidad sabemos que la
transmisión genética es mucho más compleja de lo que Mendel supuso.
Es raro encontrar un rasgo único normal que las personas hereden a
través de la simple transmisión dominante.
Herencia dominante y herencia
recesiva
Los genes que gobiernan expresiones
diferentes de una misma característica se llaman alelos. Cada
persona recibe dos alelos para una característica dada (por ejemplo,
el color de ojos). Un alelo procede de la madre y otro del padre.
Cuando ambos alelos son iguales (por ejemplo, los dos producen ojos
marrones), la persona es homocigótica para esa característica;
cuando son diferentes, la persona es heterocigótica.
Cuando la herencia recibida es
heterocigótica, el rasgo que se manifiesta es el dominante. Por
ejemplo, la persona tendrá los ojos marrones porque el color marrón
es dominante sobre el azul, mientras que el azul es recesivo. Por
tanto, para que se manifieste el azul será necesario que los dos
alelos sean azules (que sea homocigótico).
Página siguiente