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Medicina / Fisiología


Resistencia del cuerpo a la infección

Por Ana Muñoz

 

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Inflamación y función de los neutrófilos y macrófagos

 

Cuando se produce una lesión causada por bacterias, traumatismos, productos químicos, calor, etc., tiene lugar una respuesta denominada inflamación, que se caracteriza por:

1. Se produce una dilatación de los pequeños vasos sanguíneos (capilares) de la zona afectada, con lo cual hay un aumento del flujo de sangre a la zona.

2. Hay un aumento de la permeabilidad de los capilares, con salida de grandes cantidades de líquido hacia los espacios intersticiales.

3. Con frecuencia, hay una coagulación de líquido en estos espacios debido a la gran cantidad de fibrinógeno y otras proteínas que salen de los capilares.

4. Un gran número de granulocitos y monocitos se dirigen a la zona inflamada.

Algunas de las sustancias que se liberan en la zona afectada activan el sistema de los macrófagos, que empiezan a devorar los tejidos destruidos.

Una de las principales funciones de la inflamación consiste en tabicar la zona lesionada, separándola del resto, de manera que impide que las bacterias de la zona inflamada se difunda al resto del organismo, lo cual extendería la infección.

La reacción inflamatoria es más intensa cuanto mayor es la lesión del tejido. Por ejemplo, cuando los estafilococos invaden los tejidos, liberan sustancias sumamente tóxicas para la célula. Por tanto, el proceso inflamatorio se desarrolla con rapidez; de hecho, con mucha más rapidez de lo que pueden multiplicarse y diseminarse los estafilococos. Así, la infección es tabicada con rapidez. Por otra parte, los estreptococos no son tan agresivos, de modo que la respuesta inflamatoria se desarrolla con lentitud, de manera que los estreptococos se reproducen y desplazan. Como resultado, estos microorganismos tienen una mayor posibilidad de causar la muerte que los estafilococos, aunque estos últimos sean mucho más destructores para los tejidos.

Primera línea de defensa: los macrófagos tisulares. Cuando son activados por los productos de la inflamación, los macrófagos de los tejidos son los primeros en atacar a los invasores.

Segunda línea de defensa: neutrófilos. Tras la primera hora más o menos tras el comienzo de la inflamación, una gran cantidad de neutrófilos procedentes de la sangre comienza a llegar a la zona inflamada, empezando de inmediato a eliminar el material extraño. Unas horas después del inicio de la inflamación, el número de neutrófilos en sangre ha aumentado considerablemente (neutrofilia).

Tercera línea de defensa: monocitos y macrófagos. Junto con los neutrófilos, también penetran en el tejido inflamado los monocitos de la sangre. No obstante, el número de monocitos en la sangre es bajo. Por consiguiente, la acumulación de estas células en el tejido inflamatorio es un proceso mucho más lento y requiere varios días para ser efectivo. Además, una vez en los tejidos, los monocitos requieren unas 8 horas para convertirse en macrófagos. Sin embargo, al cabo de días o semanas, los macrófagos predominan sobre las demás células gracias a la producción de monocitos por la médula ósea.

 

Cuarta línea de defensa: producción aumentada de granulocitos y monocitos en la médula ósea. Si la inflamación persiste, la médula ósea puede continuar produciendo estas células en grandes cantidades durante meses e incluso años, a veces con velocidades 50 veces por encima de lo normal.

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