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Medicina y terapias alternativas. Artículos


El poder curativo de los tambores

 

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- Existen personas que no tienen ninguna actividad alfa y que además tienen una baja amplitud de ondas cerebrales de cualquier tipo. Estas personas constituyen entre el 30 y el 40% de las personas tratadas por el doctor Barry Quinn. Se trata de personas hipervigilantes. Es decir, son personas que no pueden desconectar su actividad mental por mucho tiempo. Siempre están pensando en algo. Les cuesta mucho olvidar asuntos emocionales y tienden a obsesionarse con ellos. Tienen problemas para relajarse y numerosos trastornos del sueño. Por tanto, cualquier cosa que aumentara su actividad alfa podría ser muy beneficiosa para ellos. Muchas personas con este patrón de actividad cerebral se convierten el alcohólicos y se vuelven altamente adictos de un modo que les hace muy difícil dejar de beber.
 
- En personas con dolor crónico, la cantidad de ondas alfa que muestran es un indicador de cómo van a manejar el dolor. Si no están manejando el dolor adecuadamente o si se centran demasiado en él, perderán ondas alfa.
 
El doctor Quinn intentó durante mucho tiempo encontrar el modo de incrementar las ondas alfa de las personas hipervigilantes. El biofeedback conseguía producir ondas zeta similares a las de la relajación, pero no ondas alfa. Tampoco la meditación, que generalmente suele aumentar las ondas alfa, parecía funcionar en estas personas. Entonces decidió medir las ondas alfas de un pequeño grupo de estos pacientes para hacer una línea base y luego les pidió que tocaran el tambor con las manos durante media hora. Les dijo que tocaran un ritmo suave y lento, similar al latido del corazón.
 
No todas las personas siguieron estas instrucciones. Algunos usaron un ritmo muy emocional y expresivo; otros sintieron dolor debido a la fibromialgia que padecían, pero el 50 % de los pacientes obtuvieron una cantidad normal de ondas alfa tras media hora tocando, lo cual significa que sus ondas alfa llegaron a ser el doble que en la línea base. Esto ocurrió inmediatamente. Es decir, no tras varias sesiones, sino después de la primera vez que tocaron los tambores.