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La curación por medio de arcilla
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Las propiedades curativas de
la arcilla son diversas y conocidas desde los albores de la
humanidad. Ya en el antiguo Egipto se utilizaba la arcilla
como agente curativo en inflamaciones y úlceras. Tiene
efectos antiinflamatorios, cicatrizantes, purificadores,
calmantes y antibacteriológicos, siendo uno de los
desinfectantes más importantes de la naturaleza; actúa
inhibiendo el desarrollo de gérmenes y favoreciendo la
regeneración celular. El silicato de aluminio, presente en
la arcilla, es el responsable de su gran poder como
cicatrizante de heridas, úlceras y llagas. Al ser muy
porosa, posee una gran capacidad de absorción, y esto le
permite recoger gran cantidad de calor y atraer las toxinas
acumuladas bajo la piel para que sean expulsadas. Esto la
convierte no solo en un gran depurativo de la piel, sino
también muy útil para la expulsión a través de la piel del
ácido úrico acumulado en el organismo. También posee un gran
poder para absorber gases, bacterias y toxinas del tubo
digestivo cuando se ingiere, de modo que es capaz de curar
diarreas infecciosas y otras enfermedades del aparato
digestivo. Tomar cada hora una cucharadita de arcilla
diluida puede salvar la vida de una persona con una diarrea
infecciosa grave. Resulta también muy útil en golpes,
heridas, picaduras de insectos, quemaduras, y actúa en los
órganos internos infamados al aplicarlo en forma de
cataplasma caliente.
Formas de administrar la arcilla
1. Arcilla por vía interna
En este caso se utiliza
arcilla en polvo diluida en agua. Este polvo de arcilla
puede encontrarse en comercios dietéticos o herbolarios.
Puede prepararse de dos maneras:
No debe tomarse más de tres semanas seguidas. Si tras estas tres semanas es necesario seguir la cura, se descansará durante una semana y se iniciará otra cura de tres semanas y así sucesivamente hasta la curación completa.
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