La enfermedad como camino
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Segunda parte
LA
ENFERMEDAD Y SU SIGNIFICADO
Tú dijiste:
– ¿Cuál es
la señal del camino, oh derviche?
– Escucha
lo que te digo
y, cuando
lo oigas, ¡medita!
Ésta es
para ti la señal:
la de que,
aunque avances,
verás
aumentar tu sufrimiento.
FARIDUDDIN ATTAR
I.
LA
INFECCIÓN
La
infección representa una de las causas más frecuentes de los
procesos de enfermedad en el cuerpo humano. La mayoría de los
síntomas agudos son inflamaciones, desde el resfriado hasta el
cólera y la viruela, pasando por la tuberculosis. En la terminología
latina, la terminación «–itis» revela proceso inflamatorio
(colitis, hepatitis, etc.). Por lo que se refiere a infecciones, la
moderna medicina académica ha cosechado grandes éxitos con el
descubrimiento de los antibióticos (por ejemplo, la penicilina) y la
vacunación. Si antiguamente la mayoría de personas morían de
infección, hoy, en los países dotados de buena sanidad, las muertes
por infección sólo se dan en casos excepcionales. Esto no quiere
decir que actualmente haya menos infecciones sino únicamente que
disponemos de buenas armas para combatirlas.
Si esta terminología (por cierto, habitual) resulta al lector
un tanto «bélica», recuérdese que en el proceso inflamatorio
se trata realmente de una «guerra en el cuerpo»: una fuerza
de agentes enemigos (bacterias, virus, toxinas) que adquiere
proporciones peligrosas es atacada y combatida por el sistema de
defensas del cuerpo. Esta batalla la experimentamos nosotros en
síntomas tales como hinchazón, enrojecimiento, dolor y fiebre. Si el
cuerpo consigue derrotar a los agentes infiltrados, se ha vencido la
infección. Si ganan los invasores, el paciente muere. En este
ejemplo, es fácil hallar la analogía entre inflamación y guerra. Sin
que exista relación causal entre una y otra, ambas muestran, empero,
la misma estructura interna y en las dos se manifiesta el mismo
principio, aunque en distinto plano.
El
idioma refleja claramente esta íntima relación. La palabra
inflamación contiene la «llama» que puede hacer explotar el barril
de pólvora. Se trata de imágenes que utilizamos también al
referirnos a conflictos armados. La situación se inflama, se prende
fuego a la mecha, se arroja la antorcha, Europa quedó envuelta en
llamas, etc. Con tanto combustible, más tarde o más temprano se
produce la explosión por la que se descarga lo acumulado, como
observamos no sólo en la guerra, sino también en nuestro cuerpo
cuando se nos revienta un grano, sea pequeño o grande.
Para
nuestro razonamiento, trasladaremos la analogía a otro plano: el
psíquico. También una persona puede explotar. Pero con esta
expresión no nos referimos a un absceso sino a una reacción emotiva
por la que trata de liberarse un conflicto interior. Nos proponemos
contemplar sincrónicamente los tres planos
«mente–cuerpo–naciones» para apreciar su exacta analogía con
«conflicto–inflamación–guerra», la cual encierra ni más ni menos
que la clave de la enfermedad.
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