La enfermedad como camino
XI.
EL APARATO LOCOMOTOR Y LOS NERVIOS
Índice
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Lumbago y ciática
Con la
presión, los discos de cartílagos situados entre las vértebras,
especialmente los de la zona lumbar, son desplazados lateralmente y
comprimen nervios, provocando distintos dolores, como ciática,
lumbago, etc. El problema que revela este síntoma es la sobrecarga.
Quien toma mucho sobre sus hombros y no se da cuenta de este exceso,
siente esta presión en el cuerpo en forma de dolor de espalda. El
dolor obliga al individuo a descansar, ya que todo movimiento, toda
actividad, causa dolor. Muchos tratan de eliminar esta justa
regulación con analgésicos, a fin de proseguir sus habituales
actividades sin obstáculos. Pero lo que habría que hacer es
aprovechar la oportunidad para reflexionar con calma sobre por qué
se ha sobrecargado uno tanto, para que la presión se haya hecho tan
grande. Cargar demasiado revela afán de aparentar grandeza y
laboriosidad, a fin de compensar con los hechos un sentimiento de
inferioridad.
Detrás de
las grandes hazañas, siempre hay inseguridad y complejo de
inferioridad. La persona que se ha encontrado a sí misma no tiene
que demostrar nada sino que puede limitarse a ser. Pero, detrás de
todos los grandes (y pequeños) hechos y gestas de la Historia,
siempre hay personas que fueron impulsadas a la grandeza externa por
un sentimiento de inferioridad. Con sus actos, estas personas
quieren demostrar algo al mundo, aunque en realidad nadie les exige
ni espere de ellas tal demostración, excepto el propio sujeto.
Siempre se quiere demostrar algo, pero la pregunta es: ¿el qué?
Quien se esfuerza mucho debería preguntarse lo antes posible por qué
lo hace, a fin de que el desengaño no sea muy grande. La persona que
es sincera consigo misma, hallará siempre la misma respuesta: para
que me lo reconozcan, para que me quieran. Desde luego, el deseo de
amor es la única motivación del esfuerzo que se conoce, pero este
intento siempre fracasa, ya que éste no es el camino para alcanzar
el objetivo. Porque el amor es gratuito, el amor no se compra.
«Te querré si me das un millón», o «Te querré si eres el mejor
futbolista del mundo», son frases absurdas. El secreto del amor
precisamente es no imponer condiciones. El prototipo del amor lo
encontramos, pues, en el amor materno. Objetivamente, un bebé sólo
representa para la madre molestias e incomodidades. Pero a la madre
no le parece así, porque ella quiere a su bebé. ¿Por qué? No tiene
respuesta. Si la tuviera no tendría amor. Todos los seres humanos
—consciente o inconscientemente— anhelan este amor puro e
incondicional que es sólo mío y que no depende de cosas externas ni
grandes hazañas.
Es
complejo de inferioridad creer que la propia persona no pueda ser
admitida tal como es. Entonces el individuo trata de hacerse querer,
con su destreza, su laboriosidad, su riqueza, su fama, etc. Utiliza
estas trivialidades del mundo exterior para congraciarse, pero
aunque ahora le quieran, siempre le quedará la duda de si se le
quiere «sólo» por su trabajo, su fama, su riqueza, etcétera. Se ha
cerrado a sí mismo el camino del verdadero amor. El reconocimiento
de unos méritos no satisface el afán que indujo al individuo a
esforzarse por adquirirlos. Por ello es conveniente afrontar
conscientemente, a su debido tiempo, el sentimiento de inferioridad:
el que no quiera reconocerlo y siga imponiéndose grandes esfuerzos
sólo conseguirá empequeñecerse físicamente. El aplastamiento de los
discos le hace más pequeño y los dolores le obligan a encorvarse. El
cuerpo siempre dice la verdad.
La misión
del disco es dar movilidad y elasticidad. Si un disco es pellizcado
por una vértebra que ha sido castigada, nuestro cuerpo se agarrota y
adoptamos una postura forzada. Análogas manifestaciones observamos
en el plano psíquico. Una persona «agarrotada» no tiene
flexibilidad: está rígida, paralizada en una actitud forzada. Se
libera a los discos aprisionados por medio de la quiropráctica, se
extrae a la vértebra de su posición forzada y, por medio de una
brusca sacudida o tirón, se le da la posibilidad de recuperar una
posición natural (solve et coagula).
También
las almas pueden desbloquearse como una articulación o una vértebra.
Hay que darles una sacudida fuerte y brusca para darles la
posibilidad de reorientarse y centrarse. Y los que sufren el bloqueo
mental temen esta sacudida tanto como los pacientes la mano del
quiropráctico. En ambos casos, un fuerte crujido indica el éxito.
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