Suele ser adaptativa en la mayoría de las situaciones y nos permite
tomar decisiones con facilidad y rapidez, sin tener que pensar. Cuando
decimos "tengo un presentimiento o una corazonada" estamos
usando este tipo de pensamiento automático. Sin embargo, puede producir
problemas a menudo, debido a que se aplica fácilmente a situaciones en
las que no tiene sentido utilizarlo. Por ejemplo, si tu padre fue un
hombre alto, delgado y serio,
que te hizo la vida imposible durante mucho tiempo, es posible que al
ver a un hombre de similares características lo consideres una mala
persona de manera automática nada más verlo. Tal vez no te des cuenta
de lo que pasa y pienses que ese hombre te da mala espina, o tal vez
utilices luego tu mente racional y descubras lo que está pasando
realmente. Por supuesto, en otras ocasiones, esas corazonadas o
presentimientos son acertados. Cuando hablas con alguien que acabas de
conocer estás recibiendo mucha información (sus gestos, su postura, su
mirada, su tono de voz, sus palabras, etc). Sería imposible (y requeriría
demasiado tiempo) procesarla toda conscientemente, de modo que tu mente
experiencial se encarga de ese trabajo mientras que tu mente racional
atiende sólo a sus palabras y poco más. Con toda esa información
puedes hacerte, en muchas ocasiones, una idea acertada sobre ciertas
características de esa persona. Tal vez tu mente preconsciente haya
visto en su mirada y en sus gestos lo mismo que viste en otras personas que
resultaron no ser dignas de confianza. Y es posible que tu corazonada,
que apenas sabes de dónde viene, te esté ayudando a evitar un posible
peligro. Piensa, por ejemplo, en lo
que sientes cuando alguien te mira fijamente sin motivo. Te pones en
tensión y estás vigilante y alerta a sus movimientos. Tu mente
experiencial, cuya antigüedad se remonta a muchos millones de años de
evolución, te está diciendo que la mirada fija puede significar una
agresión inminente.
Pensamientos
y emociones
Como hemos
indicado, el pensamiento de la inteligencia experiencial (o pensamiento
constructivo) está relacionado con las emociones. Esto significa que
este pensamiento es el mediador entre los acontecimientos de nuestra
vida y lo que sentimos. La mayoría de la gente tiende a pensar que son
los acontecimientos los que provocan los sentimientos. "Me he
enfadado porque ha hecho algo muy feo", dicen. O bien: "Si le
quiero tanto no puede ser mala persona". Sin embargo, nuestras
emociones no son algo incontrolable que surjan como respuesta al medio
sin que podamos evitarlo y sin que tengamos nada que ver en su aparición.
De hecho, nuestro pensamiento es la clave fundamental a la hora de
sentir una u otra cosa.