Arriesgarse a cambiar la vida
Página 1
Página 2
Correr riesgos
Si suena el despertador por la mañana
y en tu mente aparece una imagen mental del día que tienes por
delante y sientes deseos de seguir durmiendo; y si esto te sucede
cada día, una y otra vez, tal vez significa que ha llegado el
momento de arriesgarse. Pero el miedo puede estar impidiéndote
hacerlo porque piensas que, si decides seguir adelante y cambiar tu
vida para hacer lo que de verdad deseas, podría salir mal, podrías
perderlo todo, podrían mirarte mal las personas que no entiendan tu
decisión, podrías recibir reproches de tu familia o amigos, y así
sucesivamente hasta completar una larga lista de miedos que te
bloquean. Aunque, en definitiva, el miedo es siempre el mismo: el
miedo a arriesgarse.
Pero precisamente para vivir una vida
satisfactoria es necesario tomar decisiones y arriesgarse. Si tienes
una idea y consideras que llevándola a la práctica podrías
tener una vida más satisfactoria, has de arriesgarte a llevarlo a
cabo, porque sólo así podrás comprobar si estás en lo cierto o te
has equivocado. Y sin duda es preferible equivocarse, pues es más
fácil enmendar ese error que enmendar toda una vida errada, toda una
vida siguiendo un camino equivocado.
El momento para cambiar tu vida (o
ciertos aspectos de ella) puede ser cualquiera. No importa que
tengas 25 años o 45, que tengas un esposo o esposa o hijos. Los
impedimentos que puedes ver para llevar a cabo los cambios no
necesariamente son muros infranqueables. Puedes buscar soluciones
para ellos. Después de todo, si tú eres feliz, es más probable que
tu familia también lo sea, mientras que eres infeliz harás infeliz a
tu familia. En cualquier caso, si es tu propia situación de pareja o
matrimonio lo que te resulta insatisfactorio, es importante tener el
valor suficiente como para ser sincero con uno mismo y la pareja y
ser capaz de descomprometerse. A todos nos enseñan que debemos ser
generosos con los demás, pero no siempre nos enseñan a ser generosos
con nosotros mismos. Y ser generoso con uno mismo es tan importante
como serlo con los demás. Tienes una responsabilidad contigo mismo;
tienes tu cuerpo y tu vida a tu cargo y has de ocuparte de ellos lo
mejor posible. Imagina un mundo en que ninguna persona cuidara de sí
misma, sino que se despreciaran y odiaran a sí mismos. Sería un
mundo depresivo y oscuro, lleno de dolor y tristeza, de personas
desmotivadas, apáticas, suicidas. Si quieres ayudar a construir un
mundo feliz empieza por hacerte feliz a ti mismo e irradiarás
felicidad hacia los demás.
Página siguiente