
Curso básico de Teosofía
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Lección 3. EL HOMBRE Y SUS
CUERPOS
Según la Teosofía, la idea
corriente de que el ser humano es un cuerpo y tiene un alma,
debe invertirse. La Teosofía sostiene que el cuerpo no es el
ser humano verdadero y que considerarlo como tal equivale a
confundir la casa con el que la habita.
El hombre verdadero es la mónada, un fragmento de divinidad,
una chispa de la llama divina. En aquel pasaje del Evangelio
(Juan 2 :19,21) en que Jesús arroja del templo a los
cambistas y les dice a los que le interpelan: "Destruid este
templo y en tres días lo levantaré", parece que Jesús se
refiere al templo de su cuerpo, y que habla desde aquel
estado elevadísimo de conciencia hacia el cual vamos todos
según la Teosofía, es decir, la conciencia Crística que sabe
que el cuerpo es apenas un instrumento.
El hombre es una semilla de poder, sabiduría y bondad,
encerrada en la cáscara del cuerpo, en espera de
fructificar. En el curso de su evolución tiene que
desenvolver las potencialidades latentes de esa semilla.
Es verdad trillada que las limitaciones son necesarias para
que la conciencia se desarrolle. El antiguo dicho de que no
echamos de menos el agua sino cuando se ha secado el pozo,
expone familiarmente este principio bien conocido. Con el
propósito de desarrollar conciencia, la mónada se ha
revestido de materia de varios grados de limitación y
densidad. O, también podría decirse, se ha rodeado de campos
de diferentes frecuencias de energía, el más denso de los
cuales es el cuerpo físico.
Recordemos otra vez que materia y energía son
intercambiables, y que lo que llamamos materia sólida es en
realidad un vórtice giratorio de energía, por muy sólida e
impenetrable que nos parezca. Hasta la dureza de una piedra
se sabe ahora que se debe a la tenacidad con que sus átomos
se apegan entre sí.
En estos campos de fuerza, en los que la mónada se ha
aprisionado voluntariamente para el propósito de evolucionar
todo su potencial latente y ensanchar su conciencia, las
frecuencias más altas interpenetran siempre a las más bajas,
pero no se interfieren unas con otras porque todas están
vibrando a ritmos diferentes. Todos sabemos que la atmósfera
está llena de miríadas de ondas de sonido y color y que
podemos captar una onda y excluir todas las otras si
"sintonizamos", a la frecuencia adecuada los instrumentos
diseñados para estos propósitos.
Según la filosofía teosófica, nuestro sistema solar
comprende siete planos o campos concéntricos formados por
grados de materia o velocidades de energía que se
interpenetran. Cinco de estos planos tienen que ver
directamente con la evolución humana. En esta lección se da
atención principal a tres de ellos: el físico, el emocional
o astral, y el que llamamos mental inferior.
Los cuerpos perecederos del ser humano están compuestos de
materia de estos tres grados. Se usa el término "cuerpos"
por conveniencia, pero no debe considerárselos como fijos y
elásticos. Sabemos que aunque nuestros cuerpos físicos
parecen ser los mismos día tras día, están cambiando
constantemente, aunque claro que a un ritmo mucho más lento
que los otros cuerpos porque las vibraciones de la materia
física son más lentas.
