Tricotilomanía
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La tricotilomanía se clasifica
dentro de los trastornos del control de los impulsos, como la
piromanía, la cleptomanía, y el juego patológico. Consiste en
arrancarse el pelo de forma recurrente, principalmente de la cabeza,
aunque también puede ser de las cejas o pestañas o cualquier otra
parte del cuerpo.
Síntomas
- Arrancarse el pelo de forma
frecuente de modo que llega a producirse una pérdida importante de
pelo.
-
Normalmente
va precedido de tensión con urgencia de llevar a cabo acto de
arrancarse el pelo.
- Placer, satisfacción, o alivio
de la tensión tras arrancarse el pelo.
- Para considerar que se trata de
tricotilomanía, este trastorno no ha de ser consecuencia de otro
trastorno psicológico o de una enfermedad médica (por ejemplo, una
enfermedad del cuero cabelludo).
- Este problema produce un estrés
significativo y un deterioro en el funcionamiento social,
laboral u otras áreas importantes de la vida.
¿Cómo y cuándo aparece?
A menudo, el arrancarse el pelo de
forma compulsiva aparece alrededor de los 12 o 13 años de edad;
aunque no es infrecuente que comience a edades más tempranas o
posteriores. Con frecuencia, existe un acontecimiento estresante
asociado al inicio, por ejemplo: cambio de colegio, abuso, problemas
familiares, muerte de un padre, etc. Los síntomas también pueden ser
desencadenados por los cambios hormonales acontecidos durante la
pubertad.
¿Puede la tricotilomanía
producir otros problemas?
Durante la adolescencia, que es
una etapa especialmente importante para el desarrollo de la
autoestima, la imagen corporal, la sexualidad, y las relaciones con
los compañeros de ambos sexos, los adolescencias pueden ser
ridiculizados por la familia, amigos, o compañeros de clase debido a
su problema, además de sentir vergüenza debido a la sensación de
incapacidad para controlar el hábito. Por lo tanto, incluso una
pequeña calva puede causar problemas devastadores en el desarrollo
que pueden durar muchos años.
Aunque muchas personas con
tricotilomanía continúan con sus vidas y se relacionan de un modo
normal, otros evitan las relaciones íntimas por miedo a que la otra
persona descubra este problema del que se avergüenzan.
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