El trastorno
explosivo intermitente se encuentra dentro de la categoría de los
trastornos del control de los impulsos. Se caracteriza por el
fracaso a la hora de resistir los impulsos agresivos, dando como
resultado asaltos graves o destrucción seria de propiedades.
Ejemplos de este comportamiento incluyen amenazar o herir a otra
persona o romper o dañar intencionadamente un objeto del valor.
El grado de
agresividad expresado durante un episodio está fuera de proporción
respecto a cualquier provocación o estrés situacional. El individuo
puede describir los episodios como "ataques" en los que la conducta
explosiva está precedida por una sensación de tensión o activación y
seguido inmediatamente por una sensación de alivio. A menudo, tras
el estallido aparece un arrepentimiento sincero. Más tarde, el
individuo puede sentir también remordimiento o vergüenza por su
comportamiento.
La mayoría de estas
personas son hombres jóvenes y sus historias muestran a menudo
accidentes de tráfico frecuentes, infracciones y posiblemente
impulsividad sexual. Pueden exhibir una sensibilidad extrema al
alcohol.
Este trastorno está
rodeado de cierta polémica porque algunos autores creen que es
solamente un síntoma de otro trastorno más que un desorden en
sí mismo.
Los episodios
agresivos no son explicados por ningún otro trastorno psicológico
(como el trastorno antisocial de la personalidad, trastorno límite
de la personalidad, un trastorno psicótico, un episodio maníaco, un
trastorno de la conducta, o un trastorno de déficit de atención con
hiperactividad) y no son debidos a los efectos fisiológicos directos
de alguna sustancia (como una medicación o abuso de drogas) o una
enfermedad médica (como un traumatismo craneal o la enfermedad de
Alzheimer).
Las personas con un
trastorno explosivo intermitente describen a veces impulsos
agresivos intensos antes de sus actos agresivos, y no son capaces de
resistirse a dichos impulsos, cediendo ante ellos. Los episodios
explosivos pueden estar asociados a síntomas afectivos como
irritabilidad o rabia, energía creciente y pensamientos que aparecen
con gran rapidez, durante los impulsos y los actos agresivos, así
como una rápida aparición de un estado de ánimo deprimido y fatiga
después de los actos agresivos.
Algunos individuos
describen también que sus episodios agresivos van precedidos o
acompañados a menudo por síntomas tales como hormigueos, temblores,
palpitaciones, opresión en el pecho, presión en la cabeza, o
escuchar un eco. Este desorden puede dar lugar a la pérdida del
trabajo, a la suspensión en la escuela, al divorcio, a dificultades
en las relaciones interpersonales, a accidentes (por ejemplo, de
tráfico), a hospitalización debido a lesiones por peleas o
accidentes, a problemas financieros, a encarcelamientos o a otros
problemas legales.
Causas
La mayoría de casos ocurren cuando
el individuo está entre la última adolescencia y el final de la
veintena. Hay cierta evidencia de que el neurotransmisor serotonina
puede desempeñar un papel en este desorden. Aunque la prevalencia
del trastorno explosivo intermitente es desconocida y se considerado
raro, es probablemente más común de lo observado y puede ser una
causa importante de comportamiento violento.
Tratamiento
Es importante que estas personas
reconozcan que pierden el control y que necesitan ayuda para
aprender a controlar sus impulsos. Una terapia psicológica
cognitivo-conductual puede ayudarles a lograr el control de sus
impulsos y a transformar esa intensa ira en emociones más
controlables y adecuadas. También se ha utilizado terapia
farmacológica. Se aconseja a estas personas no utilizar alcohol ni
drogas, pues pueden hacer que pierdan el control con más facilidad.