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Sonambulismo
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Consiste en una alteración
del sueño clasificada dentro de las parasomnias
(acontecimientos conductuales, verbales o experienciales no
deseados que suceden durante el sueño).
El sonambulismo tiene como característica principal la
aparición de episodios repetidos que implican levantarse de
la cama y deambular por la casa mientras la persona aún
permanece dormida. Tiene lugar durante el primer tercio del
sueño nocturno o del período de sueño mayor.
Durante el episodio de sonambulismo, el sujeto tiene una
disminución del estado de vigilia y no reacciona a los
estímulos, o lo hace con gran dificultad. Sus ojos están
abiertos, la mirada permanece fija y perdida. Si despierta
durante el episodio, no es capaz de recordar nada de lo
sucedido y suele presentar también confusión y
desorientación en un primer momento, aunque recupera con
rapidez las funciones cognitivas y comportamentales
normales. Después puede volver a retomar el sueño y al
despertar por la mañana no suele recordar nada de lo
sucedido.
En ocasiones simplemente permanecen sentados en la cama,
observando confusos a su alrededor (es lo que se llama
despertar confusional) mientras que otras veces se levantan
y caminan por las habitaciones, suben y bajan escaleras e
incluso pueden salir del edificio en el que se encuentran. A
veces, pueden presentarse comportamientos inapropiados o
extraños durante el episodio, como orinarse en la habitación
o en una papelera, mover los muebles, etc. Algunas personas
hablan durante el episodio de sonambulismo. También pueden
comenzar a hacer tareas rutinarias de sus vidas diarias o
comer. En algunos casos se dan comportamientos hostiles o
violentos.
En casos pocos frecuentes, el individuo puede entrar en su
coche y conducirlo incluso una gran distancia. Puede tener
lugar alguna conducta de tipo sexual o exposición de su
cuerpo.
La duración de este estado puede ir desde unos minutos a
media hora.
El sonambulismo puede aumentar debido a la existencia de
ciertos estímulos internos o externos, así como por
situaciones estresantes de índole psicosocial o consumo de
alcohol o sustancias sedantes. Los estados febriles o la
deprivación del sueño también pueden aumentar la
probabilidad de que aparezcan episodios de sonambulismo.
Las personas adultas que padecen sonambulismo pueden
presentar también otras alteraciones del sueño, como
terrores nocturnos, así como algún tipo de trastorno de
personalidad asociado. Si bien, esto es poco frecuente en el
caso de los niños.
