Bloque
temático: abuso y maltrato
Amor y síndrome de Estocolmo: el misterio
de mar a un maltratador
Autor: Joseph M. Carver, psicólogo
www.mental-health-matters.com
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La gente a menudo se sorprende de sus propias condiciones y
reacciones psicológicas. Las personas con depresión a menudo
se asombran cuando recuerdan que han pensado en matarse. Los
pacientes que se recuperan de graves trastornos
psiquiátricos se quedan atónitos al recordar sus síntomas y
conductas durante el episodio. Un paciente con trastorno
bipolar me dijo recientemente: "No puedo creer que pensara
que puedo cambiar el tiempo mediante telepatía mental" Una
reacción común es: "¡No puedo creer que yo hiciera eso!"
En la práctica clínica, algunas de las personas más
sorprendidas son aquellas que se han visto envueltas en una
relación abusiva y controladora. Cuando la relación termina,
hacen comentarios como: "No sé por qué, pero quiero que
vuelva" o "Se qué suena a locura, pero le hecho de menos".
Recientemente he escuchado: "No tiene sentido, él tiene una
nueva novia y la está maltratando también... pero estoy
celosa" Los amigos y familiares se quedan aún más
sorprendidos cuando escuchan estos comentarios o son
testigos del regreso de un ser querido a una relación
abusiva. Mientras que la situación no tiene sentido desde un
punto de vista social, ¿tiene sentido desde un punto de
vista psicológico? La respuesta es sí.
El 23 de agosto de 1973, dos delincuentes armados con
ametralladoras entraron en un banco de Estocolmo, Suecia.
Blandiendo su arma, un hombre fugado de una prisión llamado
Jan-Erik Olsson anunció a los aterrados empleados del banco
que "La fiesta acaba de empezar". Los dos atracadores
tomaron cuatro rehenes, tres mujeres y un hombres, durante
las 131 horas siguientes. Los rehenes permanecieron atados
con dinamita en una cámara acorazada del banco hasta que
finalmente fueron rescatados el día 28 de agosto.
Tras su rescate, los rehenes mostraron una actitud
impactante, si tenemos en cuenta que los habían amenazado,
maltratado y temieron por sus vidas durante unos 5 días. En
sus entrevistas en la prensa fue evidente que apoyaban a los
secuestradores y temían a los agentes de la ley que fueron
en su rescate. Los rehenes habían llegado a pensar que los
secuestradores estaban en realidad protegiéndoles de la
policía. Una mujer mantuvo después una relación con uno de
los criminales y otra creó un fondo de defensa legal para
ayudar con los gastos de la defensa. Evidentemente, los
rehenes habían creado un vínculo emocional con sus
secuestradores.
Mientras que el estado psicológico en situaciones de
secuestro se conoce como el "síndrome de Estocolmo" debido a
la publicidad, el vínculo emocional con los secuestradores
es una historia familiar en psicología. Se había observado
muchos años antes y se encontró en estudios de otros
rehenes, prisioneros o situaciones abusivas como:
-
Niños maltratados
-
Mujeres maltratadas
-
Prisioneros de guerra
-
Miembros de sectas
-
Víctimas de incesto
-
Situaciones de secuestro
criminal
-
Prisioneros de campos de
concentración
-
Relaciones controladoras
e intimidantes
En un análisis final, el
vínculo emocional con el maltratador es en realidad una
estrategia de supervivencia para víctimas de abuso e
intimidación. El síndrome de Estocolmo en situaciones de
secuestro o abuso se conoce tan bien en estos tiempos, que
los negociadores de la policía no lo ven ya como inusual. De
hecho, a menudo se promueve porque aumenta las oportunidades
de supervivencia de los rehenes. Por otro lado, implica que
los rehenes que experimentan un síndrome de Estocolmo no
cooperarán demasiado en el rescate o proceso judicial. El
personal policial ha reconocido desde hace tiempo este
síndrome en mujeres maltratadas que se niegan a presentar
cargos, pagan las fianzas de sus maridos o novios e incluso
atacan físicamente a los agentes de policía cuando llegan
para rescatarlas de un ataque violento.
El síndrome de Estocolmo puede también encontrarse en
relaciones familiares, románticas o interpersonales. El
maltratador puede ser un marido o esposa, novia o novio,
padre o madre y cualquier otro rol en el que el maltratador
esté en una posición de control o autoridad.
Es importante entender los componentes del síndrome de
Estocolmo relacionados con las relaciones abusivas y
controladoras. Una vez que el síndrome se comprende, es más
fácil entender por qué las víctimas apoyan, aman o incluso
defienden a sus maltratadores.
Cada síndrome consta de síntomas y conductas y el síndrome
de Estocolmo no es una excepción. Mientras que no se ha
establecido una lista definida debido a la variedad de
opiniones entre los investigadores y expertos, varios de
estos rasgos estarán presentes:
-
Sentimientos positivos de
la víctima hacia el abusador/controlador
-
Sentimientos negativos de
la víctima hacia familiares, amigos, o autoridades que
tratan de rescatarlos o apoyarlos en su liberación
-
Apoyo a las conductas y
sentimientos del abusador
-
Sentimientos positivos
del abusador hacia la víctima
-
Conductas de apoyo de la
víctima, a veces ayudando al abusador
-
Incapacidad para llevar a
cabo comportamientos que podrían ayudarla en su
liberación o desapego
El síndrome de Estocolmo no
ocurre en cada situación de secuestro o abuso. En otro
atraco a un banco con rehenes, tras aterrorizar a empleados
y jefes durante horas, un francotirador de la policía
disparó e hirió al atracador. Después de caer al suelo, dos
mujeres lo levantaron y lo llevaron a la ventana para que le
disparan de nuevo. Como puede verse, están implicados
factores como el tiempo expuesto al abuso/control y otros.
Se ha visto que cuatro situaciones o condiciones están
presentes y sirven como base del desarrollo del síndrome de
Estocolmo. Estas cuatro situaciones pueden encontrarse en
casos de secuestro, abuso severo y relaciones abusivas:
-
La percepción de una
amenaza a la supervivencia física o psicológica y la
creencia de que el abusador llevará a cabo la amenaza.
-
La percepción de cierta
amabilidad del abusador hacia la víctima.
-
Ausencia de un punto de
vista diferente al del abusador.
-
La percepción de la
incapacidad de escapar de la situación.
Al considerar cada situación, podemos entender cómo el
síndrome de Estocolmo se desarrolla en las relaciones
románticas así como en situaciones de secuestro. Veamos cada
una de las situaciones.
