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Página 2
El estrés que nos causa el despecho
La ruptura de una relación amorosa es causa de tensión y
malestar. El impacto emocional que esta situación causa en
el individuo crea un estrés de grandes proporciones con
reacciones emocionales, físicas y de comportamiento que son
esperadas y son parte de un proceso al que llamamos duelo.
Nuestra forma de reaccionar ante los conflictos, problemas,
demandas, peligros y situaciones que consideramos
inesperadas, sorpresivas, adversas o dolorosas, viene
determinada por una aptitud innata de lucha o huida, cuando
los estímulos que nos llegan son interpretados como
amenazantes o estresantes. Como reacción a esta percepción,
se produce en nuestro cuerpo un estado de gran tensión
nerviosa.
La reacción inicial (shock) ante una situación estresante es responder con temor, con un fuerte disgusto, frustración o con la determinación de luchar contra él. Los siguientes son los síntomas más evidentes cuando nos sentimos amenazados o estresados:
Las pupilas se agrandan para mejorar la visión; el oído se
agudiza; los músculos se tensan para responder al desafío;
la sangre es bombeada al cerebro para aumentar la llegada de
oxigeno a las células y favorecer los procesos mentales; las
frecuencias cardiaca y respiratoria aumentan; la sangre se
desvía preferentemente hacia la cabeza y el tronco, las
extremidades y sobre todo a las manos y los pies, los que se
perciben fríos y sudorosos.
Ante estos síntomas, la persona tiende a responder con más
temor y frustración o a luchar contra los síntomas. Esto le
crea mayor tensión y mayor malestar y sobreviene en
agotamiento. Si no se libera al organismo de estos cambios
ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración
de la amenaza, el estrés se transforma en una reacción
prolongada e intensa y se entra en un estado de estrés
crónico que puede desencadenar serios problemas físicos y
psicológicos.
El impacto emocional causado
por la ruptura y la pérdida, genera en nosotros una serie de
emociones y reacciones que van desde la fatiga prolongada y
el agotamiento hasta dolores de cabeza, gastritis, úlceras,
etc., pudiendo ocasionar incluso trastornos psicológicos.
Cuando uno se siente estresado y añade aun más estrés, los
centros reguladores del cerebro tienden a hiper-reaccionar
ocasionando desgaste físico, crisis del llanto, y
potencialmente, depresión.
El estrés crónico puede producir: aumento de la
susceptibilidad a los resfríos; riesgo de problemas
cardiacos, presión arterial alta, diabetes, asma, ulceras,
colitis y cáncer; aumento del azúcar en sangre, colesterol y
liberación de ácidos grasos en la sangre; aumentan los
niveles de corticoides; disminuye el riego sanguíneo
periférico, disminuye el sistema digestivo.
Con frecuencia el estrés se asocia a trastornos psicológicos
como la ansiedad y la depresión. También produce incapacidad
para tomar decisiones, sensación de confusión, incapacidad
para concentrarse, dificultad para dirigir la atención,
desorientación, olvidos frecuentes, bloqueos mentales entre
otros.
Debemos prevenir entonces, el agotamiento y la enfermedad
que nos podría causar el estrés ante una ruptura, una
separación. En esos momentos tan críticos, no te alarmes, no
te desesperes, no aumentes más tensión a tu organismo.
Acepta las reacciones y cambios que estas experimentando.
Son reacciones normales de tu organismo a una situación que
sientes amenazante --“sobrevivir al fin de una relación”.
Tranquilízate, son reacciones pasajeras que con tiempo y
descanso irán desapareciendo. Relájate. Mantén una
conversación interna contigo mismo. Dile a cada músculo, a
cada parte de tu cuerpo que se relajen. Recuéstate, cierra
los ojos y toma un breve descanso. Ten paciencia y espera
unos cuantos días para que tu organismo se recupere y los
síntomas desaparezcan.
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