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| Sección de psicología | |||||||||||||
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Los prejuicios: qué son y cómo se forman |
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Autora: Ana Muñoz, psicóloga, directora de Cepvi.com |
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Segunda parte
Cuando se hacen estudios en los que se realizan diversas preguntas
relacionadas con el tema del prejuicio y la discriminación se observa una
gran diferencia con respecto a décadas pasadas. La gente dice no tener
prejuicios y ser mucho más tolerante. Por desgracia, las cosas no son tan
simples como parecen y los cambios no han sido tan grandes como nosotros
mismos tendemos a pensar. Si se utilizan métodos más sofisticados para
medir los prejuicios, en los que no se pregunta a las personas directamente,
sino que se analiza su respuesta afectiva (mucho más difícil de controlar)
los resultados contradicen lo anterior. ¿A qué se debe esto? Tener
prejuicios está mal visto socialmente, es "políticamente
incorrecto" y la mayoría de la gente está de acuerdo en que prejuzgar
y discriminar está mal y no desea ser esa clase de personas. El problema es
que muchos estereotipos se aprendieron en la infancia, están muy arraigados
en la sociedad y forman parte de nuestros procesos mentales automáticos.
Los prejuicios pueden afectar el comportamiento de una persona incluso
cuando están tratando de ser justos. Por ejemplo, en un estudio se pidió a
un grupo de personas que juzgaran el logro académico de una niña de la
cual sólo conocían su pertenencia a un nivel socioeconómico alto o bajo.
En este caso eran plenamente conscientes de que sería injusto juzgarla en
base a su estatus socioeconómico y evitaban hacerlo. Pero cuando la
observaban en un vídeo realizando diversas tareas, de manera que creen
estar juzgándola sólo por su conducta, se dejan influir por el nivel
socioeconómico que creen que tiene, expresando un mayor logro cuando les
dicen que éste es alto.
Por tanto, lo que ha sucedió en los últimos años, no es que el
prejuicio haya disminuido tanto como parece, sino que se ha vuelto más
sutil y silencioso e incluso, en muchos casos inconsciente, mientras que
antes, la gente los expresaba abiertamente sin remordimientos. Y el caso es
que los efectos de este tipo de prejuicio son más graves que los prejuicios
expresados sin tapujos. Uno de los motivos es el siguiente:
Muchas personas consideran, por ejemplo, que el machismo ya no
existe, que es algo del pasado e incluso decir que existe machismo empieza a
estar mal visto y a las feministas se las considera como pasadas de moda.
Una vez negado el machismo, si no hay más mujeres en puestos de poder no es
debido a la discriminación, sino a que no quieren o no son lo bastante
capaces para lograrlo. Si a esto le unimos el prejuicio inconsciente la cosa
se complica. Veamos un ejemplo. Supongamos una gran empresa con cientos de
trabajadores. Todos comienzan ganando el mismo sueldo, independientemente de
su sexo. Conforme pasa el tiempo, van consiguiendo aumentos, premios y
ascensos. Estos aumentos son negociados anualmente de manera individual
entre el empleado y su superior, que aumenta el salario "en función de
los resultados de su trabajo exclusivamente". Pero la realidad es que
al cabo de unos años las mujeres están cobrando un 30% menos que sus
compañeros varones mientras sus superiores afirman (y puede que hasta lo
crean sinceramente) no haber discriminado a nadie. Luchar contra este tipo
de prejuicio sutil puede ser difícil, pero tiene la ventaja de que estas
personas desean y están dispuestas a cambiar, siempre y cuando lleguen a
ser conscientes de sus prejuicios. Del
desagrado al fanatismo
A finales de 1998, dos chicos se acercaron a un estudiante homosexual
de la universidad de Wyoming, le mintieron diciéndole que también eran
gays y se fueron con él a dar una vuelta. Poco después le dieron una
paliza, lo llevaron a las afueras de la ciudad, lo ataron a una valla con
los brazos en cruz y lo dejaron allí, inconsciente, a una temperatura muy
baja. Seis días después moría sin haber recobrado el conocimiento.
Durante su funeral aparecieron grupos con pancartas que decían "No hay
lágrimas para los maricas".
En España la violencia contra los homosexuales ha aumentado en los
últimos años, generalmente perpetrada por bandas de grupos neonazis,
mientras el colectivo homosexual se queja de que la policía no actúa tan
rápido como debería.
El terrorismo, un fenómeno de sobra conocido en nuestro país, es
otro ejemplo de cómo los prejuicios, los estereotipos y la discriminación
pueden acabar en un odio ciego y destructivo. -
Cómo se llega hasta estos extremos? 1.
Percibir al grupo como una amenaza. Para grupos como los talibanes,
el hecho de ser islámicos es un aspecto muy importante de quienes son, de
su identidad personal. Por tanto, la amenaza que perciben en el poder
económico y militar de Estados Unidos es visto como una amenaza contra su
identidad personal. Es decir, como un intento de ser destruidos como
personas, por ser quienes son, lo cual supone una amenaza extrema. Cuando la
gente cree que sus grupos están amenazados, responde de dos maneras: a)
exaltando los símbolos y valores de su propio grupo, lo que puede hacer que
se vuelvan cada vez más extremistas y fanáticos, considerándose muy
superiores al otro grupo. Sacan sus banderas, recuerdan a sus mártires del
pasado y glorifican sus logros, tal y como hicieron los serbios siguiendo a
Milosevic al sentirse amenazados por croatas y musulmanes cuando la antigua
Yugoslavia comenzó a desmoronarse; y b) odian y atacan al grupo que ven
como amenazador, del cual creen estar defendiéndose legítimamente. Los
serbios lanzaron una campaña de "limpieza étnica" que acabó con
más de dos millones de personas sin hogar. 2.
La inhibición moral. Para llevar la discriminación hasta sus
consecuencias más atroces hace falta algo más que odio. Estos grupos
perciben a los colectivos discriminados como inferiores, no humanos y fuera
del contexto donde se aplican las leyes morales. La persona percibida así
no despierta ningún tipo de compasión cuando está siendo maltratada, como
haría un miembro del propio grupo. En los campos de concentración
alemanes, algunas oficiales nazis se hacían cargo de niños pequeños
judíos a los que trataban bien, pero no de forma diferente a como
tratarían a un animal. A pesar de no sentir odio hacia ellos ni deseos de
hacerles daño, eran incapaces de verlos como seres humanos, pues eso
habría sido incompatible con las atrocidades que estaban cometiendo con los
padres y madres de esos niños. 3.
La exclusión moral. Si la inhibición moral es una conducta más
pasiva, que nos hace volver la cabeza indiferentes ante el maltrato, la
exclusión moral es una postura más extrema que puede llegar a la masacre o
el genocidio. Los miembros del grupo excluido son vistos como despreciables,
gérmenes que infectan al propio grupo, seres inferiores incapaces de tener
sentimientos humanos como compasión y dolor. A pesar de cometer atrocidades
contra ellos, rechazan la responsabilidad de tales actos ya que dicen
hacerlo por el bienestar de su propio grupo o porque se consideran una
autoridad moral superior. Con los suyos, en cambio, pueden ser amables y
altruistas. Las
consecuencias de la discriminación.
Pertenecer a un grupo que está mal considerado puede tener una gran
repercusión sobre las personas. Algunos llegarán a dudar de su propia
valía y puede que incluso hayan sido educados desde niños en los mismos
estereotipos que otros utilizan para discriminarlos. A pesar de esto, muchas
personas pertenecientes a estos colectivos tienen una autoestima tal alta
como cualquier otra persona. Para conseguirlo, la gente suele utilizar
diversas estrategias: 2.
Distanciarse psicológicamente del grupo. Estas personas evitan mostrarse
como miembros de ese grupo. A veces se consideran como una excepción. Por
ejemplo, algunas mujeres afirman que la discriminación a la mujer existe
pero que ellas nunca han sido discriminadas, como si ese hecho no las
afectara personalmente. Esta creencia suele mantenerse por personas que se
identifican débilmente con su grupo. No ayuda a combatir los estereotipos. 3.
Ocultar la filiación grupal. Muchos homosexuales no han hablado con nadie
acerca de su orientación sexual, de modo que son considerados
heterosexuales por sus amigos y familiares. El resultado suele ser una
sensación de soledad, no pertenencia o falsedad. 4.
Resaltar los aspectos en los que el propio grupo es superior. Se suele dar
entre personas que se sienten muy identificadas con su grupo. Así, algunas
mujeres resaltan y valoran aquellas características en las que se sienten
superiores a los hombres, como mayor empatía o mayor capacidad verbal y de
comunicación. El movimiento del orgullo gay se centra en la difusión de
obras culturales y artísticas realizadas por homosexuales. 5.
Separatismo. Consiste en despreciar al grupo que les discrimina y mantenerse
lo más alejados de ellos posible. Esta conducta no favorece la posibilidad
de cambio del estereotipo y mantiene los rencores entre ambos grupos. 6. Luchar por la igualdad y el cambio de los estereotipos. Se trata de luchar activamente por la igualdad de derechos. Los grupos feministas han logrado echar abajo las leyes discriminatorias (empezando por la prohibición de votar) y los activistas homosexuales aún en estos tiempos tratan de conseguir la igualdad ante la ley, (como el matrimonio homosexual) y combaten activamente el prejuicio. Lo mismo puede decirse de asociaciones de gitanos que luchan activamente por la plena integración de los suyos en una sociedad que no los discrimine. Cambiar
los estereotipos ¿Qué
puedes hacer para combatir los prejuicios? -
Combate activamente estas creencias prejuiciosas. ¿En qué te basas para
pensar así? ¿A cuantas personas pertenecientes al grupo prejuzgado
conoces? Puedes descubrirte pensando que los inmigrantes marroquíes son
delincuentes y agresivos, pero sólo podrías considerar cierta esa
información si vieras un estudio que demostrase que el porcentaje de
delincuentes es mayor en este grupo que en el tuyo. Recuerda que la mayoría
de los estereotipos son falsos o exagerados. Busca información que te
demuestre que son insostenibles o erróneos. -
Mantén contacto con miembros del grupo discriminado. Busca lo que tenéis
en común, participad en proyectos comunes, infórmate sobre dicho grupo y
sobre las falsas creencias que hay sobre él. -
Comprométete a cambiar. -
Sé consciente de lo que te dices a ti mismo acerca de otros grupos. ¿Qué
piensas de los gitanos, los gays, las lesbianas, los negros, los
inmigrantes, los enfermos de SIDA, los discapacitados, los marroquíes, los
enfermos mentales...? -
Hazte la siguiente pregunta: ¿Cómo reaccionarías si, siendo de raza
blanca, alguien te dijera que quiere saber cómo es la gene de tu raza?
Probablemente dirías que eso es absurdo, ya que entre los blancos hay de
todo. ¿Por qué entonces no piensas lo mismo de la gente de otra raza,
religión, orientación sexual, etc.? ¿Ellos son todos iguales pero
vosotros no? -
Sentirse bien con uno mismo es importante a la hora de aceptar a los que son
diferentes, pues no tendrás que utilizarlos para aumentar tu autoestima.
Muchas veces se proyecta la culpa en aquellos que son diferentes. -
La necesidad de saber actuar y responder rápidamente en una situación dada
(como en encuentros con miembros del grupo prejuzgado) y la incapacidad de
aceptar la incertidumbre está asociada con la conducta prejuiciosa. Si
tienes miedo a estar indeciso es posible que te dejes llevar por lo primero
que aparezca en tu mente, es decir, el estereotipo aprendido en la infancia
y automatizado. -
Desarrolla la empatía. Significa ser capaz de ponerse en el lugar del otro
y saber qué está sintiendo. -
Valora la diversidad en todos los sentidos. Piensa que cuánto más variado
sea tu ambiente, mayor será tu creatividad; tendrás la posibilidad de
ampliar tus conocimientos y puntos de vista, enriqueciendo así tu
personalidad; posibilidad de aprender de la sabiduría de otras culturas;
aumento de la libertad al no tener que someterse a roles estrechos acordes
con estereotipos... -
Acepta que no lo vas a entender todo ni lo vas a compartir todo. Cada grupo
tiene sus costumbres. Piensa que puede que haya alguien por ahí que no
entienda que tú (o personas muy cercanas a ti) te hayas hecho
voluntariamente agujeros en las orejas para ponerte un adorno. No necesita
entenderlo, sólo aceptarlo. -
No te calles ante un comentario o chiste prejuicioso. Dile a esta persona
que entiendes que no trataba de hacer daño a nadie pero que ese tipo de
bromas son dañinas para mucha gente. Demuestra que no te hacen gracia ese
tipo de comentarios. - No des tu apoyo ni tu dinero a organizaciones que no respetan los derechos humanos o la acción afirmativa.
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