4. Trastorno obsesivo-compulsivo de la
personalidad
Consiste en una pauta generalizada de
perfeccionismo e inflexibilidad que se caracteriza por al menos cinco de los
siguientes rasgos:
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Perfeccionismo excesivo que impide una
correcta realización de las tareas debido a que la perfección exigida es casi
imposible de alcanzar.
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Gran preocupación
por los detalles, normas, horarios, organizaciones, hasta el
punto de perder casi todo el tiempo en ellos.
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Insistencia exagerada en que los
demás hagan
las cosas tal y como ellos dicen. Tendencia a impedir que los demás hagan las
cosas por consideran que no las harán correctamente.
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Dedicación excesiva al trabajo que no se explica
por necesidades económicas u otras presiones externas, hasta el punto de dejar de
lado amistades y actividades de ocio.
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Gran indecisión debido a que no son capaces de
encontrar la decisión "perfecta" y pierden mucho tiempo pensando en las posible prioridades sin poder sacar ninguna conclusión.
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Son personas excesivamente escrupulosas e
inflexibles respecto a la ética, la moral o los valores.
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Excesivo control de sus emociones, las cuales
no suelen expresar.
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Falta de generosidad con el dinero, el tiempo
o los regalos cuando no hay posibilidad de obtener una ganancia personal. Esto
es debido a que están orientados totalmente hacia lo práctico.
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Incapacidad para deshacerse de los objetos
inútiles, aunque carezcan de valor sentimental.
La personalidad de las personas con este trastorno
presenta tres características fundamentales:
1. Tienen un pensamiento rígido e intenso; están
constantemente concentrados y atentos, de modo que tienden a resolver bien las
tareas técnicas y detalladas, pero su campo de visión es muy estrecho y no
suelen tener en cuenta la situación global. Se ven fácilmente afectados por las
distracciones externas y tratan de evitarlas en lo posible.
2. Su autocontrol está distorsionado. Es decir,
toda acción que realicen ha de estar controlada voluntariamente y no son capaces
de actuar nunca de manera espontánea. Tratan también de controlar a voluntad sus
propios deseos y emociones. Así pues, son constantes supervisores y vigilantes de sí
mismos, de cada cosa que hagan, digan, piensen o sientan y se encuentran muy
incómodos e inseguros en situaciones que no controlan o cuando deben mostrarse
más espontáneos.