Trastorno de identidad disociativo (personalidad
múltiple)
El trastorno de identidad
disociativo, antes llamado trastorno de personalidad múltiple,
consiste en la presencia de
dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un
patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción
y concepción del entorno y de sí mismo). Al menos dos
de estas identidades o estados de personalidad controlan de forma
recurrente el comportamiento del individuo.
La
disociación es un estado en el que una persona se separa de la
realidad. La persona con un trastorno de identidad disociativo es
incapaz de recordad información personal importante debido a que se
trata de acontecimientos que han ocurrido cuando otra de las
identidades tenía el control.
Es un trastorno que aparece en la
infancia, nunca en la edad adulta, aunque persiste durante la edad
adulta.
Causas
El trastorno de identidad disociativa
es un mecanismo de defensa para poder sobrellevar el dolor y el
miedo provocado por un abuso repetido durante la infancia, casi
siempre en forma de abuso sexual, perpetrado de un modo impredecible
por uno los padres u otro miembro de la familia, que en otros
momentos se encarga también de atender y cuidar al niño. El
trastorno en más grave en aquellos niños cuyo padre o madre (u otro
miembro de la familia), además de abusar sexualmente de ellos, es
capaz de ofrecerles amor y protección simultáneamente.
El adulto que realiza actos sexuales
con un niño está cometiendo un tipo de abuso, aunque no utilice la
violencia o coerción física. Por desgracia, la persona que abusa de
ese niño o niña puede ser también la persona que lo cuida y le
muestra afecto en otras ocasiones, de manera que el niño se
encuentra en una situación totalmente impredecible de expresión de
amor alternando con abuso sexual y, posiblemente, otros tipos de
maltrato. Cuando este estado resulta abrumador, se alzan las
defensas psíquicas en forma de disociación.
No todas las personas son capaces de
disociar, pero aquellas que nacen con un capacidad innata para
hacerlo, suelen responder de este modo ante el abuso continuado,
como un modo de escapar de él. La persona capaz de disociar suele
ser artísticamente creativa y con una capacidad alta para ser
hipnotizada.
Por tanto, para que aparezca el
trastorno han de darse las siguientes características:
-
Que la víctima tenga una
predisposición psicobiológica para disociar como mecanismo de
defensa.
-
Que suceda un acontecimiento
traumático que desencadene la disociación.
-
Que sucedan traumas repetidos que
encadenen las diversas disociaciones en una nueva identidad.
Es decir, no todas las personas que
han tenido un episodio disociativo como respuesta a un trauma
desarrollan un trastorno de identidad disociativo. Para ello es
necesario que el trauma sea repetido a lo largo del tiempo.
La persona que no tiene capacidad
para disociar y es víctima de abuso severo y repetido puede
desarrollar un trastorno de estrés
postraumático (TEPT), depresiones repetidas, con ideación
suicida o psicosis. El TEPT suele ser la respuesta a un incidente
único de abuso. La depresión recurrente y la conducta suicida son
con frecuencia indicios de abuso sexual recurrente en niños,
adolescentes y, en ocasiones, adultos.
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