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Página 1
El trastorno de identidad
disociativo, antes llamado trastorno de personalidad
múltiple, consiste en la presencia de dos o más identidades
o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y
relativamente persistente de percepción, interacción y
concepción del entorno y de sí mismo). Al menos dos de estas
identidades o estados de personalidad controlan de forma
recurrente el comportamiento del individuo.
La disociación es un estado en el que una persona se separa
de la realidad. La persona con un trastorno de identidad
disociativo es incapaz de recordad información personal
importante debido a que se trata de acontecimientos que han
ocurrido cuando otra de las identidades tenía el control.
Es un trastorno que aparece en la infancia, nunca en la edad
adulta, aunque persiste durante la edad adulta.
Causas
El trastorno de identidad
disociativa es un mecanismo de defensa para poder
sobrellevar el dolor y el miedo provocado por un abuso
repetido durante la infancia, casi siempre en forma de abuso
sexual, perpetrado de un modo impredecible por uno los
padres u otro miembro de la familia, que en otros momentos
se encarga también de atender y cuidar al niño. El trastorno
en más grave en aquellos niños cuyo padre o madre (u otro
miembro de la familia), además de abusar sexualmente de
ellos, es capaz de ofrecerles amor y protección
simultáneamente.
El adulto que realiza actos sexuales con un niño está
cometiendo un tipo de abuso, aunque no utilice la violencia
o coerción física. Por desgracia, la persona que abusa de
ese niño o niña puede ser también la persona que lo cuida y
le muestra afecto en otras ocasiones, de manera que el niño
se encuentra en una situación totalmente impredecible de
expresión de amor alternando con abuso sexual y,
posiblemente, otros tipos de maltrato. Cuando este estado
resulta abrumador, se alzan las defensas psíquicas en forma
de disociación.
No todas las personas son capaces de disociar, pero aquellas
que nacen con un capacidad innata para hacerlo, suelen
responder de este modo ante el abuso continuado, como un
modo de escapar de él. La persona capaz de disociar suele
ser artísticamente creativa y con una capacidad alta para
ser hipnotizada.
Por tanto, para que aparezca el trastorno han de darse las
siguientes características:
-
Que la víctima tenga una predisposición psicobiológica para disociar como mecanismo de defensa.
-
Que suceda un acontecimiento traumático que desencadene la disociación.
-
Que sucedan traumas repetidos que encadenen las diversas disociaciones en una nueva identidad.
Es decir, no todas las
personas que han tenido un episodio disociativo como
respuesta a un trauma desarrollan un trastorno de identidad
disociativo. Para ello es necesario que el trauma sea
repetido a lo largo del tiempo.
La persona que no tiene capacidad para disociar y es víctima
de abuso severo y repetido puede desarrollar un trastorno de
estrés postraumático (TEPT), depresiones repetidas, con
ideación suicida o psicosis. El TEPT suele ser la respuesta
a un incidente único de abuso. La depresión recurrente y la
conducta suicida son con frecuencia indicios de abuso sexual
recurrente en niños, adolescentes y, en ocasiones, adultos.
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