Olvidar y perdonar. Cómo superar la culpa, el
rencor y el odio
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Transformar el recuerdo significa recordar y contemplar los hechos a
distancia, neutralizando las emociones, colocándonos inclusive, en
el lugar de otras personas, sin juzgar, sin criticar, sin comparar,
sin compadecerse, sin pena ni culpas, eliminando toda emoción
negativa que está en nuestra memoria y que determina como hemos
percibido la experiencia, para así estar en capacidad de perdonar.
Perdonar es liberar de la deuda o neutralizar (olvidar) las
emociones ligadas al recuerdo de la experiencia o de aquel que nos
causó el dolor.
Sin embargo, el perdonar no borra el daño, no exime de
responsabilidad al ofensor, ni niega el derecho a hacer justicia a
la persona que ha sido herida. Perdonar es un proceso complejo que
sólo nosotros mismos podemos hacer.
Perdonar no es aceptar pasivamente la situación, dejar hacer a la
otra persona o culparse porque piensa que lo provocó.
Perdonar no es olvidar o negar la ofensa y dejar que el tiempo o
Dios se hagan cargo. Tampoco es culpar a otros, a las circunstancias
o al destino.
Perdonar no es justificar, entender o explicar por qué la persona
actúa o actuó de esa manera.
Perdonar no es esperar por la restitución, por una satisfacción, por
alguna explicación a la conducta violenta.
Perdonar no es obligar al otro a que acepte tu perdón o decirle “te
perdono” para hacerlo sentir “humillado” . Tampoco es buscar u
obligar a la reconciliación.
Perdonar es, en primer lugar, reconocer nuestros errores y
perdonarnos a nosotros mismos. Esto es, aceptar lo que no podemos
cambiar, cambiar lo que podemos y aprender a establecer diferencias,
sin remordimientos, sin culpas, sin odios ni rencores.
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