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Página 2
Transformar el recuerdo
significa recordar y contemplar los hechos a distancia,
neutralizando las emociones, colocándonos inclusive, en el
lugar de otras personas, sin juzgar, sin criticar, sin
comparar, sin compadecerse, sin pena ni culpas, eliminando
toda emoción negativa que está en nuestra memoria y que
determina como hemos percibido la experiencia, para así
estar en capacidad de perdonar.
Perdonar es liberar de la deuda o neutralizar (olvidar) las
emociones ligadas al recuerdo de la experiencia o de aquel
que nos causó el dolor.
Sin embargo, el perdonar no borra el daño, no exime de
responsabilidad al ofensor, ni niega el derecho a hacer
justicia a la persona que ha sido herida. Perdonar es un
proceso complejo que sólo nosotros mismos podemos hacer.
Perdonar no es aceptar pasivamente la situación, dejar hacer
a la otra persona o culparse porque piensa que lo provocó.
Perdonar no es olvidar o negar la ofensa y dejar que el
tiempo o Dios se hagan cargo. Tampoco es culpar a otros, a
las circunstancias o al destino.
Perdonar no es justificar, entender o explicar por qué la
persona actúa o actuó de esa manera.
Perdonar no es esperar por la restitución, por una
satisfacción, por alguna explicación a la conducta violenta.
Perdonar no es obligar al otro a que acepte tu perdón o
decirle “te perdono” para hacerlo sentir “humillado” .
Tampoco es buscar u obligar a la reconciliación.
Perdonar es, en primer lugar, reconocer nuestros errores y
perdonarnos a nosotros mismos. Esto es, aceptar lo que no
podemos cambiar, cambiar lo que podemos y aprender a
establecer diferencias, sin remordimientos, sin culpas, sin
odios ni rencores.
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