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Psicología / Artículos


Trastorno de pánico y agorafobia

 

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Diana estaba viendo la televisión después de un día normal de trabajo. De repente, sintió una fuerte sensación de mareo y ahogo, como si no hubiera suficiente oxígeno en el aire que respiraba. Entonces su corazón empezó a palpitar con tanta rapidez y fuerza que se sintió aterrorizada, pensando que podía morir de un ataque cardíaco. Empezó a sudar, se sintió temblorosa e inestable. Todo esto alcanzó su máxima intensidad en 60 segundos. Era el octavo ataque de pánico que tenía ese mes.

 

Definición

 

El ataque de pánico consiste en una intensa y repentina sensación de miedo y peligro, un gran deseo de escapar, así como síntomas físicos relacionados con la ansiedad. Los síntomas pueden diferir de una persona a otra pero suelen aparecer cuatro o más de lo siguientes:

 

  • Palpitaciones

  • Sudoración

  • Temblor

  • Sensación de ahogo o falta de aire

  • Dolor o molestias en el pecho

  • Nauseas o malestar abdominal

  • Mareo

  • Sensación de irrealidad

  • Miedo a perder el control o volverse loco

  • Miedo a morir

  • Entumecimiento, hormigueos

  • Oleadas de calor o escalofríos

 

El trastorno de pánico es bastante frecuente, dándose en 1 de cada 75 personas en todo el mundo. El primer ataque suele aparecer durante la adolescencia o principios de la edad adulta, de forma repentina e inesperada, generalmente durante una etapa de estrés prolongado (enfermedad y/o muerte de un ser querido, traslado a otra ciudad o país, nacimiento de un hijo, presiones en el trabajo o estudios, etc) y deja a la persona que lo ha padecido sumida en un estado de gran preocupación y ansiedad pensando que puede tener alguna enfermedad grave o que podría tener otro ataque en cualquier momento. La primera reacción suele ser ir a urgencias, pero tras un reconocimiento, los médicos le dicen que todo está en perfecto estado y no tiene nada.


Las situaciones en las que ocurren los ataques son muy variadas: caminando por la calle, conduciendo e incluso durante el sueño y parece surgir de repente, sin que haya nada en concreto que los desencadene, al contrario de lo que sucede en la fobia simple en la que los síntomas de ansiedad aparecen tras ser expuestos al objeto temido (por ejemplo, cuando una persona con fobia a las serpientes ve uno de estos reptiles). Sin embargo, en otros casos, antes del ataque han vivido un periodo de semanas o meses durante el cual notaban su corazón más acelerado de lo normal.