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Página 6
C. Librarse de la obsesión
Hasta aquí has conseguido
aceptar esos pensamientos y controlarlos. Ahora llega el
momento de librarse de ellos.
Un tiempo para preocuparse
Dedica cada día un periodo de 15 ó 30 minutos para
preocuparte y durante ese tiempo céntrate sólo en tus
preocupaciones y en todo lo malo que podría suceder,
intentando sentirte lo más angustiado posible. La mayoría de
las veces no resulta fácil llenar un periodo de 10 ó 30
minutos con preocupaciones cuando no tratamos de
combatirlas, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría
consisten en una idea específica, lo que significaría pasar
esos 15 minutos repitiendo lo mismo una y otra vez de forma
voluntaria. Esta técnica te ayudará también a posponer tus
preocupaciones cuando aparecen en un momento inadecuado.
Graba tus preocupaciones
Selecciona una frase que resuma tu preocupación, grábala en
una cinta de corta duración de las que repiten una y otra
vez su contenido y escúchala cada día durante un periodo de
30 minutos. Si cuando aparece ese pensamiento
espontáneamente te produce cierto grado de ansiedad, al
escucharla tienes que sentir exactamente lo mismo, o no
servirá de nada. Escúchala sin desviar tu pensamiento hacia
otros temas. Descubrirás que al cabo de un tiempo tu
ansiedad ha disminuido debido a que te has habituado a esa
situación y ha dejado de producirte angustia. Si al cabo de
30 minutos tu ansiedad no ha disminuido al menos a la mitad
sigue escuchando la grabación o no surtirá efecto.
No huyas
Afronta las situaciones que pueden provocar tus obsesiones o
preocupaciones y que tiendes a evitar para no sentirte mal.
Por ejemplo, si te preocupa demasiado el hecho de cometer un
error es posible que eludas hacer determinadas tareas. Deja
de huir, métete de lleno en la situación y cuando en tu
mente empiecen a dar vueltas y vueltas las ideas
desagradables, utiliza las técnicas antes expuestas.
Aprende técnicas de relajación
La más sencilla consiste en la respiración profunda. Aspira
por la nariz llenando los pulmones de aire por completo.
Después expulsa el aire lentamente mientras imaginas cómo tu
cuerpo se va relajando cada vez más. Cuenta cada espiración
empezando por el número diez hasta llegar a uno. Repite esto
varias veces al día para practicar y para que te sea más
fácil utilizar la relajación en los momentos de tensión que
suelen acompañar a tus preocupaciones.
Utiliza frases tranquilizadoras
Se trata de frases que te ayuden a relajarte o a posponer
tus obsesiones, como "cálmate"; "no voy a preocuparme ahora
por esto; lo haré más tarde"; "sé que mis pensamientos son
exagerados"; "tiendo a centrarme demasiado en el lado malo
de las cosas y en todas las catástrofes que podrían
suceder"; "está bien cometer errores"; "está bien que haya
tenido este pensamiento; no tengo por qué darle mucha
importancia"; "esto no es una emergencia, aunque yo esté
pensando en ello como si lo fuera".
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