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Variaciones
Durante más de dos décadas, hasta principios de los ochenta, tanto Milgram como otros investigadores realizaron diversos experimentos en varios países, introduciendo variaciones en algunos de ellos para tratar de dilucidar cuáles son los factores que determinan una mayor o menor obediencia.
En uno de ellos se vio que cuanto más alejado estaba el
alumno del maestro mayor era el índice de obediencia. Cuando
los participantes no escuchaban la voz del alumno, sino que
solamente podían escuchar sus golpes en la pared a los 300
voltios, la obediencia fue del 65 %. Cuando el alumno se
hallaba en la misma habitación que el sujeto, quien podía
verlo y oírlo, la obediencia fue del 40 %. Y cuando el
maestro (adecuadamente "protegido") tenía que apretar la
mano del alumno contra una placa para que recibiera la
descarga, el 30 % llegó al nivel máximo de descarga. En
todos los casos son niveles altos, sobre todo teniendo en
cuenta que la predicción había sido una obediencia nula y
que se trataba de torturar a otra persona.
Cuando el participante recibe apoyo de un compañero que se
niega a que el experimento continúe, la obediencia decae al
10%, mientras que si ese compañero apoya al experimentador,
la obediencia asciende más que nunca: el 93% de los sujetos
llega hasta los 450 voltios.
Muchos participantes llegaron incluso a obedecer a una
autoridad "inmoral" en una investigación en la que la
víctima no daba su acuerdo a no ser que el experimentador
prometiera poner fin al estudio si se lo pedía. Cuando el
experimentador rompía su promesa y seguía instando al
participante a que obedeciera, el índice de obediencia fue
del 40 %.
En cambio, cuando el experimentador abandona la sala y deja
a cargo a una persona que el maestro considera su igual, la
obediencia desciende al 20 %, y es nula cuando dos
experimentadores dan órdenes opuestas.
Los niveles de obediencia siguen siendo los mismo aunque sea
otro experimentador el que recibe las descargas, y al
comparar los niveles de obediencia entre hombres y mujeres
no se han encontrado diferencias entre sexos.
En otro experimento, Milgram trasladó el laboratorio a un
lugar menos prestigioso e impresionante que la universidad
de Yale: unas oficinas en un edificio de una ciudad cercana.
En este caso la obediencia disminuyó, pero aún así casi la
mitad de los maestros siguieron las órdenes.
Se ha conseguido incluso que algunas personas obedezcan a un
investigador que les dice que metan la mano en un recipiente
lleno de "ácido", que arrojen "ácido" a otra persona o que
toquen una serpiente "venenosa".
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