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Página 3
Los resultados
Los datos obtenidos en el experimento superaron todas las expectativas. Si bien las encuestas hechas a estudiantes, adultos de clase media y psiquiatras, habían predicho un promedio de descarga máxima de 130 voltios y una obediencia del 0%, lo cierto es que el 62'5 % de los sujetos obedeció, llegando hasta los 450 voltios, incluso aunque después de los 300 el alumno no diese ya señales de vida.
Por supuesto, aquí es necesario añadir que el alumno era en
realidad un cómplice del experimentador que no recibió
descarga alguna. Lo que nuestro ingenuo participante
escuchaba era una grabación con gemidos y gritos de dolor
que era la misma para todo el grupo experimental.
Tampoco se asignaba el papel de maestro o alumno al azar, ya que en ambas hojas estaba escrita la palabra maestro. Sin embargo, estas personas no supieron nada del engaño hasta el final de experimento. Para ellos, los angustiosos gritos de dolor eran reales y aún así la mayoría de ellos continuó hasta el final.
Lógicamente, lo primero que se preguntaron los atónitos
investigadores fue cómo era posible que se hubiesen obtenido
estos resultados. ¿Eran acaso todos ellos unos sádicos sin
corazón? Su propia conducta demuestra que esto no era así,
pues todos se mostraban preocupados y cada vez más ansiosos
ante el cariz que estaba tomando la situación, y al
enterarse de que en realidad no habían hecho daño a nadie
suspiraban aliviados. Cuando el experimento terminaba muchos
se limpiaban el sudor de la frente, movían la cabeza de un
lado a otro como lamentando lo ocurrido o encendían
rápidamente un cigarro.
Tampoco puede argumentarse que no fuesen del todo
conscientes del dolor de las otras personas, pues cuando al
finalizar el experimento les preguntaron cómo de dolorosa
pensaban que había sido la experiencia para el alumno, la
respuesta media fue de 13'42 en una escala que va de 1 (no
era dolorosa en absoluto) a 14 (extremadamente dolorosa).
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