Psicología / Artículos
El poder de la palabra:
cambia tu lenguaje y cambiarás tu estado de ánimo
Página 1
Aunque a veces utilizamos un pensamiento basado en imágenes,
la mayor parte del tiempo usamos el lenguaje para pensar. Es
decir, hablamos con nosotros mismos y, para hacerlo,
elegimos unas palabras determinadas y no otras, y nos
decimos una serie de cosas concretas.
Lo que no siempre tenemos en cuenta es la importancia de
elegir unas palabras determinadas y el efecto que su uso
puede tener en nosotros. Las palabras que utilices al pensar
pueden tener un efecto poderoso en tus emociones y tu estado
de ánimo, de modo que es importante elegirlas con cuidado.
A continuación describiremos
algunas de las sustituciones de palabras o frases que puedes
hacer al pensar, de manera que puedas cambiar unas palabras
o frases por otras. Si lo pones en práctica, descubrirás que
te ayudan a sentirte mucho mejor, y podrás comprobar el
poder que tiene el pensamiento y la importancia de usar un
modo de pensar constructivo y realista.
1. Sustituye todas las
palabras absolutistas, como siempre, nunca, jamás, por
palabras que sean más flexibles, como a veces, a menudo, de
vez en cuando, con frecuencia, casi siempre, casi nunca.
Decir, por ejemplo, “nunca”, es un pensamiento extremista y
la mayoría de las veces no es realista. Si dices, “nunca me
mira cuando me habla”, seguramente no es cierto, y es más
acertado decir “me mira muy poco cuando me habla”. Aplica la
palabra "nunca" o "siempre" a sucesos que realmente ocurran
siempre (o nunca), como "el sol nunca sale de noche". Para
el resto, prohíbete usar esas palabras.
2. Sustituye los “debo” por “deseo”, los “tengo que” por “me
gustaría o quiero”. Por ejemplo, en vez de decir, "tengo que
ir a trabajar", di "quiero ir a trabajar". De este modo, en
vez de ser una obligación, es algo que decides hacer
voluntariamente. Después de todo, incluso las cosas
desagradables que dices hacer por obligación, las haces
realmente porque deseas hacerlas, porque es más ventajoso
para ti ir a pagar ese impuesto que arriesgarte a una multa
o un embargo. Es decir, lo haces porque quieres.
Sustituye los "debería o tendría que" por "me gustaría". Por
ejemplo, en vez de decir, "deberían subirme el sueldo", di,
"me gustaría me que subieran el sueldo". De este modo, no
transformas tus deseos en exigencias (debería) y aceptas la
realidad tal y como es (aunque luego hagas lo que puedas por
cambiarla), pues cuando exiges que algo tiene que ser como
tú quieres que sea, te vas a sentir muy mal si las cosas te
salen al revés, mientras que si te limitas a desear algo, te
resultará más fácil aceptar la realidad (no se ha cumplido
tu deseo), te sentirás mejor, y serás más capaz de tomar
decisiones realistas y llevar a cabo acciones más
constructivas que si te dejas llevar por emociones intensas
como la ira o la depresión (que es lo que sucede cuando te
empeñas en exigir que el mundo cumpla tus deseos).
