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¿Qué pasa por la mente de estas personas?
Las persona con baja tolerancia a la frustración tienen una serie de creencias que están condicionando esta forma de ver el mundo e interpretar la realidad que suceden de un modo automático. Es decir, siguen manteniendo un modo inmaduro de ver las cosas, tal y como hacían en la infancia.
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Creen que tienen que obtener todo lo que quieren y para ello exigen, ordenan e insisten para que se satisfagan sus deseos a toda costa.
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Creen que es necesario que la vida sea siempre fácil y cómoda.
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Creen que cualquier dificultad, demora, fracaso, etc. es demasiado horrible para soportarla.
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Confunden sus deseos con necesidades.
Baja tolerancia a la frustración e impulsividad
Por supuesto, si alguien ve las cosas de este modo, no es extraño que sea una persona impulsiva, pues hacen lo que desean en el mismo momento en que ese deseo aparece en su mente sin ser capaces de soportar la espera. Si quieren algo, lo quieren ya. Por este motivo, la baja tolerancia a la frustración suele estar presente en problemas relacionados con la dificultad en el control de los impulsos, como adicciones, juego patológico, compra compulsiva, cleptomanía, piromanía, etc.
Adicciones
Erróneamente se dice a veces que ciertas cosas crean adicción, cuando la realidad es que la mayoría de las cosas a las que las personas son adictas no son sustancias adictivas en sí mismas. E incluso en el caso de serlo, el ser humano cuenta con la capacidad para controlar sus impulsos si aprende el modo de hacerlo, como demuestran los ex alcohólicos, ex fumadores o ex toxicómanos, que han logrado aprender a controlar impulsos muy fuertes.
En las investigaciones realizadas sobre la personalidad de
los adictos, la baja tolerancia a la frustración ha sido
siempre el rasgo más típico y consistente.
Supongamos una persona con baja tolerancia a la frustración
y problemas de habilidades sociales. En situaciones
interpersonales siente una ansiedad de la que quiere huir a
toda costa. Entonces descubre que un modo de hacerlo es
recurrir al alcohol. Cuando bebe se desinhibe, se
tranquiliza y puede disfrutar de sus relaciones con los
demás. Conforme pasa el tiempo su dependencia del alcohol
aumenta, su deseo de huir del dolor (en este caso la
ansiedad interpersonal) es mayor que cualquier otro; pensar
en el daño que le está haciendo el alcohol es sumamente
desagradable... por tanto, mejor no pensarlo... mejor
centrarse sólo en el ahora; y ahora se siente bien. Una vez
adquirida la adicción, aparece un problema añadido: el
síndrome de abstinencia, magnificado también por su baja
tolerancia al sufrimiento, es algo que no quiere soportar.
Ya no bebe para sentirse a gusto con los demás, sino porque
lo pasa mal cuando no recibe la dosis que le pide su cuerpo.
Es como un callejón sin salida que va a más. El sufrimiento
es cada vez mayor, el deseo de aliviarlo también. Pero,
paradójicamente, aquello que causa el dolor es lo mismo que
lo alivia. Por eso para el adicto es tan difícil escapar de
su adicción.
El caso de los fumadores es distinto. Algunos autores
incluso dudan que se dé una verdadera adicción física, pues
los cambios fisiológicos producidos en el organismo por el
tabaco desaparecen al cabo de una semana aproximadamente sin
fumar. Las sustancia adictivas actúan produciendo cambios
fisiológicos en el organismo. Una vez que el cuerpo se
habitúa a ese estado, si esa sustancia empieza a disminuir
aparece el síndrome de abstinencia. Si al cabo de una semana
o poco más, el organismo del fumador ha vuelto a la
normalidad, una persona no debería tardar mucho en adaptarse
a eso y superar la adicción en un plazo de un mes como
mucho. Sin embargo, no ocurre así. Si bien puede haber
desaparecido la adicción física, no ha desaparecido el
hábito, es decir una conducta aprendida y practicada tal vez
cientos de veces. Dejar un hábito es difícil y frustrante,
significa dejar de hacer algo hacia lo que nos sentimos
impulsados. Significa, en definitiva controlar un impulso
que puede estar siendo provocado por muchos desencadenantes
ambientales, como comer, de modo que cuanto más baja sea la
tolerancia a la frustración de esa persona más difícil le
resultará dejarlo.
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Es una molestia demasiado grande que muchos no están dispuestos a soportar. Centrados más en el ahora, en satisfacer el deseo del momento, prefieren no pensar en las consecuencia a largo plazo, que es un pensamiento que produce malestar.
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