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Las fronteras dentro de una relación de
pareja
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Para que una relación de
pareja tenga éxito, es importante que ambos miembros de la
pareja tengan una identidad definida. Si una persona no
tiene claro quién es o no tiene una adecuada comprensión de
sí misma y de lo que la hace única como persona, le puede
resultar muy difícil mantener una relación de pareja que
funcione correctamente.
Necesitamos tener claro quienes somos para poder comunicar
claramente nuestros deseos y necesidades. Cuando nuestra
identidad está bien definida, podemos apreciar en nuestra
pareja esas cualidades que la hacen una persona única.
Cuando ambos miembros de la pareja tienen una identidad
clara y bien definida, la intimidad y conexión que se
establece entre ellos es mucho mayor. Las semejanzas entre
ellos los unen más, y las diferencias los ayudan a acrecer y
aportan diversión y variedad a la relación.
El modo en que entendemos y trabajamos con las fronteras que
establecemos entre nosotros y los demás, dice mucho acerca
del desarrollo de nuestra identidad. Las fronteras
personales son los límites que establecemos en las
relaciones con otras personas, que nos permiten protegernos
de invasiones no deseadas. Las fronteras nos permiten
separar nuestros propios deseos y pensamientos de los de los
demás y hacernos responsables de lo que pensamos y sentimos;
nos ayudan a sentirnos únicos y diferentes. Las fronteras
sanas son flexibles, pues nos permiten acercarnos a otros o
dejar que se nos acerquen cuando lo deseamos y alejarnos de
ellos cuando no deseamos su cercanía. Provienen de una
autoestima sana y un buen concepto de uno mismo y la propia
valía personal. Las fronteras nos protegen del abuso por
parte de los demás y permiten una intimidad real y sincera.
Las fronteras insanas suelen tener su origen en familias
disfuncionales. En familias en las que los adultos dan
prioridad a sus necesidades ignorando las necesidades de
seguridad, amor y respeto de sus hijos, maltratándolos,
ignorándolos o tratándolos como objetos de su propiedad con
quienes pueden hacer lo que deseen cuando deseen, los niños
aprenden que las fronteras no importan. De hecho, pueden
tender a invadir las fronteras de los demás, como sus padres
han hecho con ellos, y no saben cómo alzar sus propias
fronteras para protegerse del abuso de otros, porque, si
alguna vez lo han intentado, han sido castigados o no ha
servido de nada. Estos niños crecen sin haber desarrollado
un sentido claro de su propia identidad.
De este modo, es posible que no establezcan fronteras o que,
por el contrario, establezcan unas fronteras demasiado
rígidas e inflexibles, levantando un alto muro protector
entre ellos y los demás, lo cual les puede impedir
establecer relaciones sanas de intimidad con otras personas.
