Familias disfuncionales
Muchas personas piensan que una vez
que abandonen la casa de sus padres, dejarán atrás sus problemas
familiares y de su infancia. Pero lo cierto es que muchos pueden
encontrarse de nuevo con los mismos problemas, así como sentimientos
y formas de relacionarse similares.
Los niños que crecen en familias
psicológicamente sanas y funcionales, se crían en un ambiente que
les ayuda a sentirse valiosos y queridos, aprenden que sus
sentimientos y necesidades son importantes y pueden ser expresadas.
Estos niños suelen formar, en la edad adulta, relaciones saludables
y abiertas.
Sin embargo, muchas familias no
logran satisfacer las necesidades emocionales o físicas de los
niños; además, los patrones de comunicación de la familia pueden
limitar severamente la expresión de las necesidades y emociones de
los niños. Los niños que crecen en familiar de este tipo suelen
tener una baja autoestima y creer que sus necesidades no son
importantes o que los demás no las van a tomar en serio. Como
resultado, pueden formar relaciones insatisfactorias en la edad
adulta.
Tipos de familias disfuncionales
Algunos de los patrones que suelen
darse en familias disfuncionales son los siguientes:
Uno o ambos padres tienen adicciones
o compulsiones (drogas, alcohol, juego, trabajar de un modo
excesivo, promiscuidad, etc.) que ejercen una fuerte influencia en
la familia.
Uno o ambos padres usan las amenazas
o la violencia física como el método principal de control. Los niños
pueden verse obligados a ser testigos o víctimas de la violencia,
ser forzados a usar la violencia física con sus hermanos, o vivir
bajo el miedo y las amenazas del castigo o de estallidos violentos
por parte de sus padres.
Uno o ambos padres explota al niño y
lo trata como si fuera una posesión cuya obligación consiste en
responder a las necesidades físicas y/o emocionales de los padres
(por ejemplo, niños que tienen que proteger a sus padres, animarlos
cuando están deprimidos, etc.)
Uno o ambos padres son incapaces de
proporcionar al niño los cuidados básicos y financieros necesarios,
o amenazan con privar al niño de tales cuidados. O bien, no le
proporcionan el apoyo emocional adecuado.
Uno o ambos padres ejercen un control
excesivamente autoritario sobre los niños. A menudo estos padres se
adhieren de manera rígida a un sistema de creencias particular
(religioso, político, personal, etc.). De los hijos se espera que
cumplan con ese sistema de creencias de manera inflexible y sin
tener en cuenta sus puntos de vista o preferencias.
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