Excoriaciones
neuróticas: rascado compulsivo
Las personas que padecen este
trastorno se sienten obligadas a rascarse, pellizcarse o frotarse la
piel de forma compulsiva hasta que aparecen las típicas lesiones. El
paciente es consciente de su conducta autodestructiva pero se siente
incapaz de dejar de rascarse.
Las excoriaciones neuróticas se
observan más frecuentemente en mujeres, pudiéndose distinguir dos
grupos de pacientes:
- Mujeres jóvenes que se
excorian sobre lesiones preexistentes, habitualmente lesiones de
acné.
- Mujeres de 40-50 años.
No obstante, el trastorno puede
verse en cualquier grupo de edad y con diverso grado de afectación.
El comienzo de la enfermedad se
sitúa entre los 30 y 50 años, con una duración media de diez años en
el grupo más afectado, en el que el proceso tiende a ser
persistente. Suelen ser personas con rasgos rígidos y obsesivos y
con gran represión de las emociones; tienen dificultad para
verbalizar sus problemas y son agresivas a la vez que inseguras,
aunque algunos autores consideran que la depresión es el síntoma
principal.
El rascado y excoriación de la
piel se hace por ataques que exceden el simple hábito, en los que
arañan, excavan y excorian la piel, hasta producir hemorragia y
dolor. Los ataques tienen un carácter compulsivo y el paciente
siente la necesidad de continuar hasta producir dolor. La
duración puede ser de varias horas y puede ser de carácter ritual
realizándose a horas o en lugares determinados, frecuentemente a la
hora de acostarse.
El estrés psicosocial suele
producir una agravación de las excoriaciones en el
30-90% de los pacientes e, inmediatamente después de esta conducta,
los pacientes se sienten infelices y culpables por la desfiguración
que se han ocasionado.
Síntomas
Las lesiones pueden comenzar sobre
pequeñas irregularidades de la superficie cutánea, tales como
tapones de queratina, picaduras de insectos, foliculitis o acné, o
bien desarrollarse sobre piel normal.
Normalmente, las lesiones agudas
son menores de 1 cm de diámetro, rodeadas de eritema y cubiertas de
costras hemorrágicas. Pueden ser profundas, extendiéndose hasta la
dermis, y distribuidas simétricamente en el radio de acción de las
manos.
Suelen producirse en manos, antebrazos, muslos, piernas, cara
y parte inferior del tronco, pero pueden encontrarse también cerca
de las márgenes del cabello, cara y cuello, o aparecer especialmente
en hombros y pecho. Las lesiones antiguas se presentan como
cicatrices rosadas o rojas, algunas de las cuales pueden ser
hipertróficas y rodeadas de un halo de hipopigmentación.
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