Efectos fisiológicos del
estrés
Enfermedad cardiaca
El estrés emocional es
uno de los desencadenantes principales de la angina de
pecho, así como el estrés físico. El estrés agudo se ha
asociado con un mayor riesgo de enfermedades cardiacas
serias, como anormalidades del ritmo cardiaco e
infartos.
El estrés activa el
sistema nervioso simpático (la parte automática del
sistema nervioso), afectando al corazón y puede producir
los siguientes efectos:
El estrés repentino
aumenta la frecuencia cardiaca y hace que se contraigan
las arterias.
El estrés emocional
altera el ritmo cardiaco y aumenta el riesgo de
arritmias en personas que ya tienen alteraciones del
ritmo cardiaco.
El estrés hace que
aumente la densidad de la sangre (posiblemente como
preparación ante una posible herida), aumentando la
probabilidad de formación de coágulos sanguíneos.
El estrés aumenta la
liberación de grasa al torrente sanguíneo, aumentando
los niveles de colesterol, al menos temporalmente.
En las mujeres, el estrés
crónico puede reducir los niveles de estrógenos, que son
importantes para mantener la salud del corazón.
El estrés puede hacer que
las personas que tienen niveles bajos de serotonina (y,
por tanto, una mayor probabilidad de padecer depresión o
ira) produzcan mayores niveles de ciertas proteínas del
sistema inmunitario llamadas citoquinas que, en
cantidades grandes, causan inflamación y daño a las
células.
Existe una asociación
entre estrés e hipertensión. Las personas que tienen
repentinos aumentos de la presión sanguínea debido al
estrés, con el tiempo pueden desarrollar lesiones en la
capa interior de los vasos sanguíneos.
Las personas en
situaciones de estrés pueden recurrir a estrategias poco
saludables para afrontar el estrés, como puede ser un
dieta rica en grasa y sal, consumo de tabaco y alcohol,
sedentarismo, etc. factores que pueden contribuir a la
aparición de enfermedad cardiaca.