Disociación y
trastornos disociativos
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¿Cuál es la causa de la
disociación y de los trastornos disociativos?
La investigación
tiende a indicar que la disociación procede de una combinación de
factores ambientales y biológicos. La probabilidad de que una
tendencia a disociar sea heredada se considera que es de cero (Simeon
et al., 2001). Por lo general, el abuso repetido físico y/o sexual
en la infancia y otras formas de trauma se asocian al desarrollo de
los trastornos disociativos (Putnam, 1985). En el contexto de un trauma
crónico y severo en la niñez, la disociación puede ser considerada
adaptativa porque reduce el intenso dolor emocional
creado por el trauma. Sin embargo, si la disociación continúa
utilizándose en la edad adulta, cuando el peligro original ya no
existe, puede ser disfuncional. El adulto que disocia puede
desconectar automáticamente de las situaciones que percibe como
peligrosas o amenazantes, sin tener tiempo para determinar si existe
un peligro real. Esto deja a la persona fuera de contacto en muchas
situaciones de la vida diaria, e incapaz protegerse en
momentos de peligro real.
La disociación puede también
ocurrir cuando ha habido negligencia severa o abuso emocional,
incluso cuando no ha habido abuso físico o sexual ostensible (Anderson
y Alexander, 1996; Del oeste, Adán, Spreng, Y Rose, 2001). Los niños
pueden también disociar en las familias en las que los
padres son amenazadores, imprevisibles, disocian ellos mismos,
o utilizan un estilo de comunicación altamente contradictorio (Blizard, 2001;
Liotti, 1992, 1999a, b).
El desarrollo de desórdenes disociativos en
la edad adulta parece estar relacionado con la intensidad de la
disociación durante el acontecimiento traumático real; la
disociación severa durante la experiencia traumática aumenta la
probabilidad de la generalización de tales mecanismos tras el
acontecimiento. El trauma repetido en la niñez aumenta
perceptiblemente la probabilidad de desarrollar trastornos disociativos
en la edad adulta. (International Society for the Study of
Dissociation, 2002; Kisiel & Lyons, 2001; Martinez-Taboas &
Guillermo, 2000; Nash, Hulsey, Sexton, Harralson & Lambert, 1993;
Siegel, 2003; Simeon et al., 2001; Simeon, Guralnik, & Schmeidler,
2001; Spiegel & Cardena, 1991).
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