Disociación y
trastornos disociativos
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Desrealización
Es la sensación de que el mundo no
es real. Algunas personas explican que el mundo parece falso, brumoso,
lejano, o
como si lo vieran a través de un velo. Otras dicen ver el
mundo como si estuvieran fuera, o como si vieran una película (Steinberg,
1995).
Amnesia disociativa
La amnesia se refiere a la
incapacidad para recordar información personal importante que es tan
extensa que no es debida al olvido ordinario. La mayoría de las
amnesias típicas de los trastornos disociativos no suelen ser del
tipo de la fuga disociativa, donde las personas recorren largas distancias
y de repente se dan cuenta de que no saben dónde están ni cómo
llegaron allí. Por el contrario,
la mayoría de las amnesias consisten a menudo en el olvido de un acontecimiento importante, por ejemplo,
una boda, o una reunión social, o un periodo de tiempo, que puede
abarcar minutos o años.
Más típicamente, se producen micro-amnesias, en las que no se
recuerda una discusión, o el contenido de una
conversación se olvida de un momento a otro. Algunas
personas afirman que este tipo de experiencias las dejan a menudo
luchando por recordar de qué estuvieron hablando. Mientras
tanto, esta persona intenta no dejar que su interlocutor se dé cuenta de
que no tiene ni idea de lo que se ha estado diciendo.
Confusión de la identidad y alteración de la
identidad
La confusión de la identidad es un sensación
de
confusión respecto a quién es uno mismo. Por ejemplo, cuando una persona siente
excitación y una emoción positiva
mientras está realizando una actividad (por ejemplo, conducción
temeraria, uso de drogas) que por lo general le resulta desagradable. La
alteración de la identidad es la sensación de ser marcadamente diferente de
otra parte de su ser. Así, una persona
puede cambiar a una personalidad diferente, sentirse confusa, y
preguntar a su terapeuta, "¿Quién eres tú, y qué hago yo
aquí?" Además de estos cambios observables, la persona puede
experimentar distorsiones del tiempo, lugar, y situación.
Por ejemplo, en el curso de un descubrimiento inicial de la
experiencia de la alteración de la identidad, una persona puede creer
incorrectamente que es cinco años mayor, que está en la casa de su
niñez y no en el despacho de su terapeuta, o temer que una persona
fallecida a la que teme aparezca de un momento a otro (Fine, 1999;
Maldonado et al., 2002; Spiegel Y Cardena, 1991; Steinberg, 1995).
Más a menudo, pueden observarse formas más sutiles de alteración de la identidad
cuando una persona utiliza diferentes tonos de voz, forma de hablar, o expresiones faciales. Éstos
cambios pueden estar asociados a un cambio en la forma de ver el mundo del paciente. Por
ejemplo, durante una discusión sobre el miedo, un cliente puede
sentirse inicialmente joven, vulnerable, y asustado, seguido por un
cambio repentino a un estado de hostilidad y crueldad. La persona puede
expresar confusión sobre sus emociones y percepciones, o puede
tener dificultades para recordar qué acaba de decir, incluso aunque no
diga ser una persona diferente o tener otro nombre. El
paciente puede ser capaz de confirmar la experiencia de una alteración de
la identidad, pero a menudo la parte de sí mismo que se presenta a
terapia no es consciente de la existencia de estados disociados. Si se sospecha
de una alteración de la identidad, puede confirmarse al observar amnesia
para el propio comportamiento, cambios de humor, cambios en los
patrones de discurso, lenguaje corporal, conducta y relación con el
terapeuta.
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