Disciplina: cómo educar a los hijos
La disciplina es necesaria para
enseñar a los niños a controlar su comportamiento y para que sepan
qué es lo que se espera de ellos como miembros de la familia,
estudiantes, compañeros de juegos, etc.
La meta principal de la disciplina es
enseñar, no castigar. El castigo puede servir para detener un
comportamiento en un momento dado, pero no enseña a los niños las
maneras adecuadas de comportarse y no impide que se sigan comportando
mal cuando la persona que puede castigarlos no está presente. Es
decir, el castigo enseña a los niños a regular su conducta en base a
criterios externos ("No hago esto porque me castigarían; por tanto,
si sé que nadie me va a ver y no me van a castigar, puedo hacerlo").
En cambio, la disciplina adecuada tendrá como objetivo que los niños
aprendan a regular su conducta en base a criterios internos y a un
código ético. Una vez interiorizadas estas normas de comportamiento,
los niños se regirán por ellas independientemente de que exista o no
una autoridad que pueda castigarlos.
La enseñanza de disciplina ha de
hacerse de un modo controlado (sin estallidos emocionales) y sin
violencia, aunque de manera firme y consistente.
Tanto en casa como en la escuela, los
adultos pueden observar el comportamiento de los niños y premiarles
o elogiarles por su buen comportamiento, en vez de limitarse a
castigar el mal comportamiento ignorando las conductas adecuadas,
pues de este modo, los niños pueden aprender que sólo reciben
atención de los demás cundo se portan mal, mientras que son
ignorados si se portan bien.
Para los niños, sobre todo los más
pequeños, la existencia de una disciplina es importante para su
bienestar psicológico, pues aún no han aprendido a regular su
conducta y necesitan una guía externa, alguien que dirija su
comportamiento y su vida de un modo adecuado hasta que aprendan a
hacerlo por sí mismos (que es uno de los principales objetivos). Por
tanto, es importante que los padres establezcan una serie de reglas
claras y bien definidas y que dichas reglas se mantengan y no se
varíen de manera caprichosa o al azar, pues eso crea una gran
incertidumbre en los niños.
Por tanto, el mejor modo para evitar
conductas negativas consiste en apoyar y reforzar las conductas
positivas. Utiliza cualquier oportunidad para hablar de las normas
que han de cumplir. Una vez establecidas las reglas o normas, los
padres pueden ayudar a sus hijos a cumplirlas del siguiente modo:
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