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Trastorno afectivo estacional
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El trastorno afectivo
estacional es un tipo de depresión que aparece de forma
estacional. El tipo más común es la depresión que aparece en
invierno. Suele comenzar al final del otoño o al principio
del invierno y desaparece al llegar la primavera.
Este tipo de depresión puede estar relacionada con los
cambios en la cantidad de luz durante las diferentes épocas
del año.
Es más frecuente en mujeres que en hombres y suele comenzar
después de los 20 años, siendo infrecuente en niños. La edad
de aparición más frecuente es entre los 18 y los 30 años. El
riesgo de padecer un trastorno afectivo estacional disminuye
con la edad.
Se da tanto en el hemisferio norte como en el sur, pero es
raro que aparezca en personas que viven dentro de los 30
grados del ecuador, donde los días son largos y la luz solar
abundante y brillante.
Síntomas
Los síntomas suelen aparecer
regularmente cada invierno, comenzando entre septiembre y
noviembre y extendiéndose hasta marzo o abril. Se realiza el
diagnóstico cuando los síntomas aparecen durante tres
inviernos consecutivos o más. Incluye los siguientes
síntomas:
Problemas de sueño. Suele haber un deseo de dormir
más cantidad de horas, con problemas para permanecer
despierto, aunque en algunos casos se dan perturbaciones del
sueño y despertar temprano.
Letargo. Sensación de fatiga e incapacidad para
llevar a cabo las tareas de la vida diaria normal.
Exceso de apetito. Aparece un deseo de
carbohidratos y alimentos dulces, lo que suele dar lugar a
un aumento de peso.
Síntomas depresivos, como tristeza, apatía, baja
autoestima, desesperación, sentimientos de culpa y, en
ocasiones, una capacidad para sentir disminuida.
Problemas sociales. Irritabilidad, deseo de evitar
el contacto social, mayor sensibilidad al rechazo social.
Ansiedad. Tensión e incapacidad para tolerar el
estrés.
Pérdida del deseo sexual. El interés en el sexo y
el contacto físico está disminuido.
Cambios de humor. En algunos casos se dan estados
de ánimo extremos y cortos periodos de hipomanía.
La mayoría de estas personas muestran signos de un sistema
inmunitario debilitado durante el invierno y son más
vulnerables a infecciones y otras enfermedades.
Los síntomas desaparece en primavera. Esto puede suceder
bruscamente, con un corto periodo de hipomanía (por ejemplo,
4 semanas) o gradualmente, dependiendo de la intensidad de
la luz solar en primavera.
