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El amor es una piedra angular de nuestra humanidad; solamente el amor nos protege
lo suficiente para crecer y para cambiar. Y cada vez más, es el elemento ausente
en nuestras vidas, por lo demás afortunadas. El vivir en una sociedad que satisfaga
unos deseos materiales que incluso ni sabíamos que teníamos alivia nuestra necesidad de encontrar la aceptación y el significado a través de contacto humano profundo.
El amor sigue siendo algo
que todos nosotros anhelamos, al menos en su extremo de recepción,
pero que también nos resulta difícil de encontrar, o reconocer
(o de mantener); y a veces, de dejarlo ir.
La llegada del amor o
su triste partida no solamente es el drama más grande de nuestras vidas privadas
sino que está en el centro de nuestras vidas públicas también. Es, por ejemplo, un punto de destello político garantizado: ¿Exactamente
el amor de quién tiene derecho a recibir el reconocimiento cívico o religioso? ¿Y quién
recoge los pedazos cuando termina? Los abogados pueden darse grandes
cenas gracias al amor roto, pero el orden público tiene a menudo que
ocuparse de los niños sin cariño y la pobreza que deja a su paso.
No obstante, cualquier persona que
se ha acercado lo suficiente, ha leído a Jane Austen o Danielle Steele,
o escuchado a Frank Sinatra o Celine Dion, sabe que no hay elixir
como el amor. Nuestra búsqueda no es probable que termine pronto.
Por supuesto,
querríamos que alguien compartiera nuestra risa, ser su mejor amigo
así como su amante, alguien que no sólo escuche nuestras dudas y
celebre nuestros triunfos sino también alguien que se suba a nuestro
coche para una escapada improvisada. Deseamos ser una mitad de un
par cuyas características personales se mezclen tan bien que nos
hagan permanecer orientados el uno al otro en un mundo hiperestimulante
como este. Tal certeza reside solamente en la compatibilidad, ese
guisado crítico de los rasgos que importan (si solamente pudiéramos calcular qué rasgos son
esos).
El escritor Carlin
Flora habló con una variedad de expertos de los que podríamos esperar
que proporcionan una comprensión de estas cualidades. Desde
investigadores de la familia hasta agencias matrimoniales, cada uno ha
visto incontables parejas unirse y separarse después. Y cada uno sugirió lo mismo: Estamos mirando
al amor equivocadamente.
La compatibilidad no
encaja en un cierto inventario personal de rasgos. La compatibilidad
no es algo que tenemos. Es algo que hacemos. Es un proceso, algo que negociamos
conforme vamos avanzando. Una y otra vez. Es una disposición, una actitud, una buena voluntad de trabajar.
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