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Autoconcepto. ¿Cómo nos conocemos a
nosotros mismos?
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Una de las tareas más
importantes que ha de emprender una persona consiste en
conocerse a sí misma, descubrir esa mezcla de cualidades que
la hacen única y la diferencian de los demás.
Una persona sabe muchas cosas acerca de sí misma. Puede
decir que es sincera, honesta, perezosa, etc. Pero, ¿cómo
llegamos a saber estas cosas sobre nosotros mismos? Es
decir, ¿cómo construimos nuestro autoconcepto? La impresión
que una persona tiene de sí misma está formada por dos
componentes:
-El concepto del yo. Es decir, aquello que sabemos de
nosotros mismos.
-La autoestima, es decir, cómo nos sentimos con nosotros
mismos.
Ambos componentes se encuentran en constante evolución y
cambio, a medida que las circunstancias de nuestras vidas y
las experiencias cambian. Por muy bien que una persona crea
conocerse, es posible que no sepa predecir cómo se
comportará ante una situación totalmente nueva, como la
maternidad, la jubilación, etc.
Cómo llegamos a conocernos a
nosotros mismos
El autoconcepto es la
totalidad del conocimiento que una persona tiene sobre sus
cualidades personales. El desarrollo del autoconcepto es un
proceso largo, y debido a que puede ir cambiando a medida
que pasa el tiempo, podemos definirlo como un proceso que
dura toda la vida. Conforme pasa el tiempo, vamos reuniendo
información acerca de nosotros mismos a partir de diversas
fuentes, que describimos a continuación:
1. Información procedente de nuestros pensamientos y
sentimientos.
Nuestra fuente más importante de autoconocimiento
procede de nuestros propios pensamientos y sentimientos.
Constituyen lo más privado de nosotros mismos, y están menos
sometidos a influencias externas que nuestras conductas. Una
persona puede comportarse en público del modo que considera
apropiado, pero interiormente puede estar sintiendo un gran
deseo de gritarles a todos, y este sentimiento le aporta más
información acerca de sí misma que su conducta. En una
investigación (Andersen, 1984), un grupo de personas escuchó
hablar a otras sobre sus pensamientos y sentimientos en
diversas situaciones, mientras que otro grupo sólo escuchó a
estas personas describir sus conductas en dichas
situaciones. Los observadores del primer grupo (los que
escucharon los pensamientos y sentimientos) desarrollaron
impresiones que encajaban con más exactitud con el
autococepto de las personas que hacían las descripciones,
mientras que los que escucharon sólo descripciones de
conductas desarrollaron impresiones menos acertadas. Esto
nos indica la importancia de los sentimientos y pensamientos
para obtener una impresión acertada no sólo de nosotros
mismos, sino también de los demás.
Por tanto, pensar acerca de nuestros propios sentimientos y
pensamientos en las diversas circunstancias de nuestra vida,
es el mejor modo de entendernos y conocernos, y explicar
dichos sentimientos y pensamientos a otra persona, en vez de
centrarnos solo en describir hechos externos o conductas,
permitirá a la otra persona entendernos y conocernos mejor.
