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El arte supone una forma fácil y cómoda de bucear en el interior de nuestra psique, sacar los conflictos al exterior y manejarlos de un modo indirecto, transformándolos de manera creativa.
Pero no son sólo los artistas los que pueden valerse de esta
valiosa herramienta terapéutica. Todos tenemos la capacidad
de crear, lo único que tenemos que hacer es encontrar la
forma más apropiada para cada uno. No se trata de hacer una
genial obra de arte, ni de atenerse a determinadas reglas o
normas a la hora de hacer las cosas, y tampoco es necesario
que guste a los demás. Lo que importa es el simple hecho de
crear, y sobre todo, de hacerlo con sinceridad, dejando que
afloren nuestros sentimientos y emociones, que nuestra
creación tenga significado y contenido y sea un reflejo de
lo que está sucediendo en nuestro interior. Se pueden usar
formas abstractas, líneas, colores, recortes para hacer
colages, arcilla, plastilina, escritura, decoración del
hogar, poesía, pintar, dibujar, esculpir o cualquier otra
cosa que resulte agradable de hacer e implique algún tipo de
proceso creativo.
Dos formas de terapia artística
Existen dos maneras de hacer este tipo de terapia: libre y estructurada. La primera consiste en dejarnos llevar y crear lo primero que aparezca en nuestra mente, sin saber si quiera qué es lo que estamos haciendo hasta que lo hemos terminado. En este caso lo que hacemos es abrir las puertas de nuestro subconsciente y dejar que afloren sus contenidos a la conciencia. También sirve para incrementar la expresión de la creatividad.
En la terapia estructurada el terapeuta le pide al paciente
que haga un trabajo determinado o utilice materiales
específicos, con el fin de trabajar ciertos aspectos de la
problemática del individuo en cuestión o de profundizar más
en ellos. Puede pedirle, por ejemplo, que haga varias
máscaras que reflejen diversas facetas de su personalidad;
que dibuje los sentimientos que experimenta ante una
determinada enfermedad, un recuerdo importante, la propia
familia, etc. El doctor Siegel, por ejemplo, le pide a sus
pacientes enfermos de cáncer que creen imágenes relacionadas
con su tratamiento para descubrir de este modo cuáles son
sus creencias acerca de la terapia y cómo están afectando a
los resultados.
Un grupo de alumnos de un taller de terapia artística de Estados Unidos llamado RAW, crean, a instancias del terapeuta, un gran cuenco con papel de aluminio. Después, les pide que metan dentro todas sus dudas, miedos, inseguridades y problemas. Luego colocan todos los cuencos en el suelo y cuando el terapeuta da la señal saltan sobre ellos y los pisotean hasta destruirlos por completo.
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