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Página 3
El alejamiento de sí misma
Conforme las anoréxicas restrictivas acentúan su control de sus procesos fisiológicos (como el hambre) y sus emociones, se van alejando cada vez más de sus propias sensaciones, hasta que llegan a no percibirlas de un modo apropiado. Tienen una resistencia aparentemente inagotable a la fatiga, muchas veces están ausentes las apetencias sexuales y muestran dificultades para expresar sus emociones (por ejemplo, no encuentra la palabra adecuada).
Así, alejada de sí misma, con una gran necesidad de control, un carácter perfeccionista, la gran insatisfacción con su cuerpo y la idea de que estando delgada todo sería mejor y diferente, no es extraño que una vez que comienza a lograr su objetivo de adelgazar y controlarse, aparezca una sensación de triunfo y eficacia que la lleva a decir que no tiene ningún problema, que se siente bien. Aun así el hambre no desaparece, su cuerpo implora comida continuamente y, al ser negada, esta se transforma en una idea obsesiva que llena todo su tiempo y su mente.
No puede dejar de pensar en la comida, la prepara para otros aunque ella no la coma, cuenta las calorías, pesa cada ración, revisa las etiquetas, clasifica los alimentos en buenos y malos, hace extraños rituales con la comida, como cortarla en trozos muy pequeños, la come despacio, juega con ella, porque la comida es ahora su obsesión. La identidad anoréxica ha reemplazado a su anterior identidad, como si tuviera vida propia.
La anorexia bulímica
Pero este control deseado no siempre se consigue. A veces el hambre puede más y sumada a un acontecimiento que inhiba sus rígidos controles puede llevarla a un atracón (anorexia bulímica). Estos acontecimientos pueden ser, por ejemplo, la ingesta de alcohol o sucesos que dan lugar a sentimientos de ansiedad o depresión. De hecho, cualquier persona privada involuntariamente de comida durante un tiempo, tendría muchas probabilidades de darse una atracón una vez que vuelve a tener comida a su disposición.
Del mismo modo, la mayoría de las persona bulímicas comienzan a atracarse después de un periodo de dieta restrictiva y pérdida de peso, cuando el cuerpo empieza a luchar con más fuerza por recuperar su peso normal. Por otro lado, los sentimientos de depresión o ansiedad (debido a un acontecimiento sucedido, por ejemplo, o por determinados pensamientos depresógenos) son percibidos como excesivamente desagradables y hay una tendencia a escapar de ellos. Una buena forma de hacerlo es a través del atracón. En cierto modo puede decirse que la dieta las mantiene en un estado constante de frustración y cuando aparece una nueva frustración que se suma a ella, sienten que ya no pueden más y sueltan las riendas por completo, produciéndose el descontrol que lleva al atracón. Sin embargo, el escape al malestar es solo momentáneo, pues tras el atracón aparece un gran sentimiento de culpa y fracaso que las puede llevar a provocarse el vómito.
Entre las bulímicas también son frecuentes las conductas
auto-lesivas, como hacerse cortes en la piel, quemaduras,
pegarse a sí mismas, como un modo de transformar el malestar
emocional en dolor físico, que consideran más fácil de
soportar.
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Los laxantes son utilizados en ocasiones porque creen que de este modo puede vaciar sus intestinos antes de que la comida sea absorbida. Sin embargo esta creencia es errónea, ya que los laxantes sólo actúan sobre la última porción del intestino, donde el material que se encuentra es todo de desecho y será eliminado de todos modos.
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