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El desarrollo de la enfermedad
Al inicio del cuadro suele aparecer una preocupación excesiva por el
peso y el aspecto del cuerpo, estando muy influidas por la creencia de
que la forma corporal o la delgadez sirven para determinar el valor
personal e incluso el éxito en la vida. Son frecuentes pensamientos
como "estoy demasiado gorda, para gustar debo estar delgada, no me
puedo controlar, si estuviese más delgada sería más feliz, tendría más
autoestima y conseguiría más cosas...". Estos pensamientos puede
tenerlos cualquier persona sin que den lugar a una patología. Pero
cuando se hacen demasiado intensos, y se convierten en una obsesión y
una necesidad ("tengo que perder peso a cualquier precio, es
horrible ser como soy...") es cuando se convierten en patológicos,
transformándose en un tema de preocupación continuo y obsesivo que
produce un gran malestar y ansiedad.
Las personas con trastornos alimenticios están insatisfechas con el
aspecto de su cuerpo en general o con alguna parte en particular. Esto
también se da en un alto porcentaje de personas sin este tipo de
trastornos. La diferencia es que para las anoréxicas o bulímicas es un
tema "de vida o muerte", se niegan rotundamente a conformarse
con su aspecto, lo rechazan categóricamente y piensan que deben cambiar
a toda costa o de lo contrario jamás podrán ser felices o la vida no
tendrá sentido. Se da un pensamiento rígido y dicotómico, donde no
hay términos medios: "o estoy gorda o estoy delgada".
"Ser como soy es algo odioso y totalmente insoportable". En
cambio, las personas que no llegan a desarrollar trastorno alimenticios
a pesar de estar insatisfechas con sus cuerpos, utilizan un pensamiento
más flexible, como "soy mucho más que mi cuerpo o mis kilos, tal
vez no tenga el cuerpo ideal pero hay más cosas en mi vida que me
pueden hacer feliz; nadie es perfecto..."
En los casos más graves de insatisfacción con el cuerpo se llega
hasta un rechazo tal grande que incluso estando tremendamente delgadas,
niegan esta delgadez y no reaccionan ante ella como lo harían los demás.
A estas ideas suelen sumarse otras características más relacionadas
con su forma de ser. Por ejemplo, la necesidad de tener una certeza
absoluta. Es decir, tiene dificultades para soportar la incertidumbre,
la cual le causa un gran desasosiego que da lugar a una gran necesidad
de control, de lograr la mayor predictibilidad posible. Tiende a pensar
que su peso tiene que ser totalmente predecible. Este control es
ejercido también sobre sus emociones, principalmente las emociones que
considera inadecuadas, como la ira o el enfado. Piensa que expresarlas
es indicio de falta de control. Esto está relacionado con el hecho de
que suele tratarse de personas que tienen una gran necesidad de
complacer a los demás, de hacer lo correcto y que tienen un gran temor
a la crítica o desaprobación de los demás. Generalmente, de niñas
fueron estudiosas y obedientes, niñas buenas y complacientes que no
daban ningún problema a sus familias y cuyo valor personal estaba en
función de este buen comportamiento y capacidad para hacer lo que se
esperaba de ellas. Su familias suelen ser perfeccionistas y con altas
expectativas de logro y éxito y valoran enormemente esta capacidad de
autocontrol.
Conforme las anoréxicas restrictivas acentúan su control de sus
procesos fisiológicos (como el hambre) y sus emociones, se van alejando
cada vez más de sus propias sensaciones, hasta que llegan a no
percibirlas de un modo apropiado. Tienen una resistencia aparentemente
inagotable a la fatiga, muchas veces están ausentes las apetencias
sexuales y muestran dificultades para expresar sus emociones (por
ejemplo, no encuentra la palabra adecuada).
Así, alejada de sí misma, con una gran necesidad de control, un carácter
perfeccionista, la gran insatisfacción con su cuerpo y la idea de que
estando delgada todo sería mejor y diferente, no es extraño que una
vez que comienza a lograr su objetivo de adelgazar y controlarse,
aparezca una sensación de triunfo y eficacia que la lleva a decir que
no tiene ningún problema, que se siente bien. Aun así el hambre no
desaparece, su cuerpo implora comida continuamente y, al ser negada,
esta se transforma en una idea obsesiva que llena todo su tiempo y su
mente.
No puede dejar de pensar en la comida, la prepara para otros
aunque ella no la coma, cuenta las calorías, pesa cada ración, revisa
las etiquetas, clasifica los alimentos en buenos y malos, hace extraños
rituales con la comida, como cortarla en trozos muy pequeños, la come
despacio, juega con ella, porque la comida es ahora su obsesión. La
identidad anoréxica ha reemplazado a su anterior identidad, como si
tuviera vida propia.
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