El acoso escolar
El acoso escolar se produce cuando un niño
insulta, agrede o tiene un comportamiento hostil hacia otro niño,
generalmente más pequeño, débil o
indefenso, y este comportamiento se produce de forma continuada en
el tiempo.
La violencia escolar suele ser
mucho más social y psicológica que física. Aunque la agresión
física, intimidación y coacción también se producen, es más
frecuente la exclusión social, aislamiento, ridiculizar, humillar,
poner motes, no dejar participar en actividades, indisponer a los
compañeros contra la víctima, hacer correr rumores, etc. Este acoso
psicológico es mucho más dañino que el acoso físico y produce
mayores tasas de estrés postraumático y deseos de suicidio.
El acoso escolar es una conducta
bastante frecuente en Estados Unidos (uno de cada diez niños) y se
está produciendo también en España de forma creciente, por lo que no
sería extraño pronosticar que podrían alcanzarse las cifras de
Estados Unidos si no se hace nada para evitarlo. Según un estudio
sobre acoso escolar dirigido por Iñaki Piñuel, profesor de la
Universidad de Alcalá de Henares, el acoso escolar afecta en España
al 25% de los escolares y es más frecuente en los niños de primaria,
de modo que los niños de segundo de primaria tienen 7 veces más
probabilidades de padecer acoso que los niños de segundo de
bachillerato, quienes son víctimas de acoso en un 6%.
El acoso escolar afecta a
niños de ambos sexos, aunque es algo más frecuente entre niños
varones (27% frente a 21%) y, por lo general, los niños suelen ser
víctimas de niños varones y las niñas suelen ser víctimas de otras
niñas, de modo que no se trata de violencia de género.
Consecuencias del acoso
El acoso no es un aspecto
inofensivo del crecimiento. Puede causar un
daño severo a la salud mental y física de víctimas, acosadores y de
los niños testigos de la violencia.
Las víctimas pueden sufrir
lesiones físicas, miedo y ansiedad. Pueden aparecer cuadros
depresivos, trastorno de estrés postraumático y síntomas físicos. Su
rendimiento escolar decae debido a que pueden faltar a la escuela o
llegar tarde, y a los problemas para concentrarse en los estudios o
la baja autoestima provocada por el acoso constante. Las víctimas de
acoso pueden rechazar participar en actividades que implican a otros niños;
pueden no hacer ninguna actividad social y comenzar a perder
amistades. Suelen estar siempre ansiosos y deprimidos. El estrés al
que se ven sometidos también afecta a su cuerpo, dando lugar a
dolores de estómago, dolores de cabeza, negarse a comer, orinarse en
la cama o problemas de sueño.
Los acosadores
tienen también probabilidades de tener problemas sociales que van a
peor con el tiempo y pueden perdurar en la edad adulta. Por
ejemplo, los estudios muestran que los adultos que han acosado a
alguien durante su niñez tenían más probabilidades de tener antecedentes penales.
Los testigos. Los
niños que simplemente observan este comportamiento también pueden
verse afectados. Después de observar un incidente de este tipo,
pueden sentir malestar emocional y pensar que la escuela no es un
lugar seguro.
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