Dos sistemas de pensamiento
Cada persona tiene su propio modo
de pensar para interpretar el mundo que le rodea y tratar de manejarse
en él del mejor modo posible. Generalmente, todos buscamos sentirnos
bien con nosotros mismos y los demás y lograr las metas y objetivos
que nos proponemos en nuestras vidas. Para ello utilizamos dos
sistemas de pensamiento: el racional y el experiencial.
El sistema racional funciona
siguiendo reglas establecidas, es lento, consciente, analítico, lógico.
Es el que utilizamos, por ejemplo, para hacer un cálculo matemático.
Para medirlo se utilizan los test de inteligencia tradicionales (los
que miden el CI).
El sistema experiencial se
basa en la experiencia vivida, es automático, preconsciente, rápido,
fácil y está relacionado con las emociones y la personalidad. La
inteligencia experiencial se basa en aquellos pensamientos que
aparecen en nuestra mente de manera automática ante cualquier
acontecimiento de nuestra vida, y en modos más generales de ver el
mundo, a nosotros mismos y a los demás, aprendidos desde la infancia
y a lo largo de nuestras vidas y experiencias y que forman parte de
nuestra forma de ser. Por ejemplo: "Pienso que no se puede
confiar en nadie" o "Pienso que en el fondo todo el mundo es
bueno".
Estos pensamientos pueden ser constructivos o destructivos.
Son constructivos cuando nos
ayudan a lograr nuestras metas y evitar la perturbación emocional, y
son destructivos en el caso contrario. Por ejemplo, si alguien piensa
que no controla su vida, que es una marioneta del destino y que éste
no le depara nada bueno, hay muchas probabilidades de que frustre sus
propias metas y su felicidad y que acabe teniendo algún tipo de
perturbación emocional, como depresión. Quien piensa que nada malo
puede pasarle y que los problemas al final se arreglan solos sin hacer
nada, es muy probable que acabe teniendo dificultades al ver las cosas
de un modo tan poco realista.
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