Índice
F43
Reacciones a estrés grave y trastornos de adaptación
Incluye trastornos que se
identifican no sólo por la sintomatología y el curso, sino también
por uno u otro de los dos factores siguientes: antecedentes de un
acontecimiento biográfico, excepcionalmente estresante capaz de
producir una reacción a estrés agudo o la presencia de un cambio
vital significativo, que de lugar a situaciones desagradables
persistentes que llevan a un trastorno de adaptación. Aunque
situaciones de estrés psicosocial más leve ("acontecimientos
vitales") puedan precipitar el comienzo o contribuir a la aparición
de un amplio rango de trastornos clasificados en otras partes de
esta clasificación, su importancia etiológica no siempre es clara y
en cada caso se encontrará que dependen de factores individuales, a
menudo propios de su idiosincrasia, tales como una vulnerabilidad
específica. En otras palabras, el estrés no es un factor ni
necesario ni suficiente para explicar la aparición y forma del
trastorno. Por el contrario, los trastornos agrupados en esta
categoría aparecen siempre como una consecuencia directa de un
estrés agudo grave o de una situación traumática sostenida. El
acontecimiento estresante o las circunstancias desagradables
persistentes son un factor primario y primordial, de tal manera que
en su ausencia no se hubiera producido el trastorno. Las reacciones
a estrés grave y los trastornos de adaptación se presentan en todos
los grupos de edad, incluyendo niños y adolescentes, y por lo tanto
deben codificarse de acuerdo con las pautas de esta categoría.
F43.0 Reacción a estrés agudo
Trastorno transitorio de una
gravedad importante que aparece en un individuo sin otro trastorno
mental aparente, como respuesta a un estrés físico o psicológico
excepcional y que por lo general remite en horas o días. El agente
estresante puede ser una experiencia traumática devastadora que
implica una amenaza seria a la seguridad o integridad física del
enfermo o de persona o personas queridas (por ejemplo, catástrofes
naturales, accidentes, batallas, atracos, violaciones) o un cambio
brusco y amenazador del rango o del entorno social del individuo
(por ejemplo, pérdidas de varios seres queridos, incendio de la
vivienda, etc.). El riesgo de que se presente un trastorno así
aumenta si están presentes además un agotamiento físico o factores
orgánicos (por ejemplo, en el anciano).
También juegan un papel en la
aparición y en la gravedad de las reacciones a estrés agudo, la
vulnerabilidad y la capacidad de adaptación individuales, como se
deduce del hecho de que no todas las personas expuestas a un estrés
excepcional presentan este trastorno. Los síntomas tienen una gran
variabilidad, pero lo más característico es que entre ellos se
incluya, en un período inicial, un estado de "embotamiento" con
alguna reducción del campo de la conciencia, estrechamiento de la
atención, incapacidad para asimilar estímulos y desorientación. De
este estado puede pasarse a un grado mayor de alejamiento de la
circunstancia (incluso hasta el grado de estupor disociativo) o a
una agitación e hiperactividad (reacción de lucha o de huida). Por
lo general, están presentes también los signos vegetativos de las
crisis de pánico (taquicardia, sudoración y rubor). Los síntomas
suelen aparecer a los pocos minutos de la presentación del
acontecimiento o estímulo estresante y desaparecen en dos o tres
días (a menudo en el curso de pocas horas). Puede existir amnesia
completa o parcial para el episodio.
Pautas para el diagnóstico
Debe haber una relación temporal
clara e inmediata entre el impacto de un agente estresante
excepcional y la aparición de los síntomas, los cuales se presentan
a lo sumo al cabo de unos pocos minutos, si no lo han hecho de un
modo inmediato. Además los síntomas:
a)
Se presentan mezclados y cambiantes, sumándose al estado inicial
de "embotamiento", depresión, ansiedad, ira, desesperación,
hiperactividad o aislamiento, aunque ninguno de estos síntomas
predomina sobre los otros durante mucho tiempo.
b) Tienen una resolución rápida, como mucho en unas pocas
horas en los casos en los que es posible apartar al enfermo del
medio estresante. En los casos en que la situación estresante es
por su propia naturaleza continua o irreversible, los síntomas
comienzan a apagarse después de 24 a 48 horas y son mínimos al
cabo de unos tres días.
Incluye:
Crisis aguda de nervios.
Reacción aguda de crisis.
Fatiga del combate.
"Shock" psíquico.
Página siguiente