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F42
Trastorno obsesivo-compulsivo
La característica esencial de este
trastorno es la presencia de pensamientos obsesivos o actos
compulsivos recurrentes. Los pensamientos obsesivos son ideas,
imágenes o impulsos mentales que irrumpen una y otra vez en la
actividad mental del individuo, de una forma estereotipada. Suelen
ser siempre desagradables (por su contenido violento u obsceno, o
simplemente porque son percibidos como carentes de sentido) y el que
los padece suele intentar, por lo general sin éxito, resistirse a
ellos. Son, sin embargo, percibidos como pensamientos propios, a
pesar de que son involuntarios y a menudo repulsivos. Los actos o
rituales compulsivos son formas de conducta estereotipadas que se
repiten una y otra vez. No son por sí mismos placenteros, ni dan
lugar a actividades útiles por sí mismas. Para el enfermo tienen la
función de prevenir que tenga lugar algún hecho objetivamente
improbable. Suele tratarse de rituales para conjurar el que uno
mismo reciba daño de alguien o se lo pueda producir a otros. A
menudo, aunque no siempre, este comportamiento es reconocido por el
enfermo como carente de sentido o de eficacia, y hace reiterados
intentos para resistirse a él. En casos de larga evolución, la
resistencia puede haber quedado reducida a un nivel mínimo. Casi
siempre está presente un cierto grado de ansiedad. Existe una íntima
relación entre los síntomas obsesivos, en especial pensamientos
obsesivos, y la depresión. Los enfermos con trastornos
obsesivo-compulsivos tienen a menudo síntomas depresivos y en
enfermos que sufren un trastorno depresivo recurrente (F33.-) a
menudo se presentan pensamientos obsesivos durante sus episodios de
depresión. En ambas situaciones el incremento o la disminución en la
gravedad de los síntomas depresivos se acompaña por lo general por
cambios paralelos en la gravedad de los síntomas obsesivos.
El trastorno obsesivo-compulsivo es
tan frecuente en varones como en mujeres y la personalidad básica
suele tener rasgos anancásticos destacados. El comienzo se sitúa
habitualmente en la infancia o al principio de la vida adulta. El
curso es variable y, en ausencia de síntomas depresivos
significativos, tiende más a la evolución crónica.
Pautas para el diagnóstico
Para un diagnóstico definitivo
deben estar presentes y ser una fuente importante de angustia o de
incapacidad durante la mayoría de los días al menos durante dos
semanas sucesivas, síntomas obsesivos, actos compulsivos o ambos.
Los síntomas obsesivos deben tener las características siguientes:
a)
Son reconocidos como pensamientos o impulsos propios.
b) Se presenta una resistencia ineficaz a por lo menos
uno de los pensamientos o actos, aunque estén presentes otros a
los que el enfermo ya no se resista.
c) La idea o la realización del acto no deben ser en sí
mismas placenteras (el simple alivio de la tensión o ansiedad no
debe considerarse placentero en este sentido).
d) Los pensamientos, imágenes o impulsos deben ser
reiterados y molestos.
Incluye:
Neurosis obsesivo-compulsiva.
Neurosis obsesiva.
Neurosis anancástica.
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