Índice
F84
Trastornos generalizados del desarrollo
Grupo de trastornos caracterizados
por alteraciones cualitativas características de la interacción
social, de las formas de comunicación y por un repertorio
repetitivo, estereotipado y restrictivo de intereses y actividades.
Estas anomalías cualitativas son una característica generalizada del
comportamiento del individuo en todas las situaciones, aunque su
grado puede variar. En la mayoría de los casos el desarrollo es
anormal desde la primera infancia y sólo en contadas excepciones,
las anomalías se manifiestan por primera vez después de los cinco
años de edad. Es habitual, aunque no constante, que haya algún grado
de alteración cognoscitiva general, aunque estos trastornos están
definidos por la desviación del comportamiento en relación a la edad
mental del niño (retrasado o no).
F84.0 Autismo infantil
Trastorno generalizado del
desarrollo definido por la presencia de un desarrollo alterado o
anormal, que se manifiesta antes de los tres años y por un tipo
característico de comportamiento anormal que afecta a la interacción
social, a la comunicación y a la presencia de actividades
repetitivas y restrictivas. El trastorno predomina en los chicos con
una frecuencia tres a cuatro veces superior a la que se presenta en
las chicas.
Pautas para el diagnóstico
Por lo general no hay un período
previo de desarrollo inequívocamente normal pero, si es así, el
período de normalidad no se prolonga más allá de los tres años. Hay
siempre alteraciones cualitativas de la interacción social que toman
la forma de una valoración inadecuada de los signos socioemocionales,
puesta de manifiesto por una falta de respuesta a las emociones de
los demás o por un comportamiento que no se amolda al contexto
social, por un uso escaso de los signos sociales convencionales y
por una integración escasa del comportamiento social, emocional y de
la comunicación, de un modo especial por una falta de reciprocidad
socio-emocional. Asimismo, son constantes las alteraciones
cualitativas de la comunicación. Consisten en no utilizar el
lenguaje para una función social, debidos a una alteración de la
actividad lúdica basada en el juego social imitativo y simulado, a
una pobre sincronización en la expresión del lenguaje, a una
relativa falta de creatividad y de fantasía de los procesos del
pensamiento, a una falta de respuesta emocional a los estímulos
verbales y no verbales de los demás, a defectos de la cadencia o
entonación necesarias para lograr una modulación de la comunicación
y, como es de esperar, a la ausencia de gestos acompañantes para
subrayar o precisar la comunicación verbal.
El comportamiento en este trastorno
se caracteriza también por la presencia de formas de actividad
restrictivas, repetitivas y estereotipadas, de restricción de los
intereses y de la actividad en general, en los que destaca la
rigidez y rutina para un amplio espectro de formas de
comportamiento. Por lo general, estas características afectan tanto
a las actividades nuevas, como a los hábitos familiares y a las
formas de juego. Puede presentarse, sobre todo en la primera
infancia, un apego muy concreto a objetos extraños, de un modo
característico a los "no suaves". Los niños persisten en llevar a
cabo actividades rutinarias específicas consistentes en rituales sin
un sentido funcional, tal y como preocupaciones estereotipadas con
fechas, trayectos u horarios, movimientos estereotipados o un
interés en los elementos ajenos a las funciones propias de los
objetos (tales como su olor o textura) y suelen presentar una gran
resistencia a los cambios de la rutina cotidiana o de los detalles
del entorno personal (tales como la decoración o los muebles del
domicilio familiar).
También es frecuente que en los
niños con autismo aparezcan otros trastornos sin especificar, tales
como temores, fobias, trastornos del sueño y de la conducta
alimentaria, rabietas y manifestaciones agresivas. Son bastante
frecuentes las autoagresiones (por ejemplo, morderse las muñecas),
sobre todo cuando el autismo se acompaña de un retraso mental grave.
La mayoría de los niños autistas carecen de espontaneidad,
iniciativa y creatividad para organizar su tiempo libre y tienen
dificultad para aplicar conceptos abstractos a la ejecución de sus
trabajos (aun cuando las tareas se encuentran al alcance de su
capacidad real). Las manifestaciones específicas de los déficits
característicos del autismo cambian al hacerse mayores los niños,
pero los déficits persisten en la edad adulta con una forma muy
similar en lo que se refiere a los problemas de socialización,
comunicación e inquietudes. Para hacer el diagnóstico, las anomalías
del desarrollo deben haber estado presentes en los tres primeros
años, aunque el síndrome puede ser diagnosticado a cualquier edad.
En el autismo pueden darse todos
los niveles de CI, pero hay un retraso mental significativo en,
aproximadamente, el 75 % de los casos.
Incluye:
Autismo infantil.
Síndrome de Kanner.
Psicosis infantil.
Trastorno autístico.
Excluye: Psicopatía autística
(F84.5).
Página siguiente