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4. Ser competente, pero sin encanto personal
Tanto los sabelotodo que no saben de lo que están hablando, como los sabelotodo que sí lo saben, resultan repelentes a los demás. La mayoría de las personas prefieren tratar con gente capaz pero afable, antes que con gente brillante pero desagradable.
Un brillante consultor de
administración de empresas lamentaba que sus pobres
habilidades interpersonales le habían impedido en gran parte
el éxito. Se quejaba diciendo: "Que me juzguen por mis
resultados, no por mi modo de comportarme. No soy uno de
esos que sólo piensan en complacer al jefe". Le faltaba
saber que el encanto personal consiste en hacer que la gente
se sienta cómoda, más que en ser artificial y obsequioso. Su
comportamiento con los demás le impidió conseguir el éxito
que su competencia y talento merecían.
5. Decir sí cuando deseas decir no
Si sacrificas el respeto para
gustar a los demás diciendo sí en todo momento, ni te
respetarán ni gustarás a los demás. Es difícil que alguien
te siga agradando cuando has perdido el respeto hacia él o
ella. A veces, pedir respeto a un jefe implica decir que no
a algo con lo que no estás de acuerdo y después ser lo
bastante flexible como para discutir el tema con la otra
persona. Un cazatalentos solía decir no a los aspirantes al
puesto de trabajo, porque descubrir cómo responden a ese
"no" revela bastante acerca de su capacidad de cooperar y de
ser un jugador de equipo.
6. Tener expectativas poco realistas
Cuando confundes lo que es
razonable con lo que es realista, te estás arrastrando a ti
mismo al fracaso. Es razonable reestructurar tu negocio; es
poco realista hacerlo todo de una vez. Unos grandes
almacenes decidieron mejorar sus ventas, operaciones, y
políticas de remuneración, pues realmente necesitaban
modificarse, y optaron por hacerlo todo al mismo tiempo. En
seis meses tuvieron que cerrar.
7. Implicarte con las personas equivocadas
Un ejecutivo de una cadena de venta de hardware contrató a una persona a quien consideró fuerte y duro. Su grave error fue confundir la terquedad y rigidez con la fuerza de carácter. Para el momento en que el tímido ejecutivo reunió el valor suficiente como para despedir al empleado, ya había perdido varios valiosos trabajadores. Sí, hay mala gente en el mundo. Si sigues dándoles el beneficio de la duda, serás tú quien tenga que vérselas con el desastre.
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