ÍNDICE:
Psicología del trabajo y recursos humanos
Bournot laboral: el
síndrome de estar quemado
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3. Cinismo y crueldad o
insensibilidad. En
respuesta a esa sensación de prolongada inseguridad o
vulnerabilidad, algunas personas consideran que sólo hay una cosa
que pueden hacer:
ponerse una pesada armadura.
Desarrollan una actitud similar a "mira sólo por ti", "cúbrete las
espaldas", "nadie va a venir a por mí". A corto plazo esta
estrategia suele funcionar. Si te vuelves lo bastante abrasivo o desagradable, la gente comienza a
evitarte. Pero este exterior duro puede convertirse finalmente en
una pesada carga, una estrategia contraproducente que te haga daño a
ti mismo. Te sientes amargado y resentido y empiezas a no gustarte a
ti mismo.
Juan poseía una
gran empresa de fontanería. Era una persona agradable que se dio
cuenta de que sentía cada vez más amargura, con una actitud dura y
hostil que lo asustaba. Se encontraba en una situación que tiraba de
él en múltiples direcciones: obligaciones, favores, quejas, sobornos.
Pero el principal problema de Juan era que que no sabía decir
"no". Era el tipo de persona que no sabe establecer límites
adecuados con los demás, que tiene problemas con las figuras de autoridad
(tanto al ser ellos la autoridad como al interactuar con alguna). Son
personas agradables, que tratan de complacer a todos y evitar todo conflicto.
No desean
herir los sentimientos de nadie y se sienten incómodos ante emociones como la ira o no saben expresar su frustración o
descontento de una manera adecuada. Tratan de ser justos y
serviciales y adaptarse, mientras que sienten un profundo rechazo cuando otros
no son justos o serviciales con ellos.
Estas personas, a pesar de tener una
gran cantidad de
trabajo acumulado, no pueden decir no cuando alguien le añade aún
más trabajo a su larga lista. Sin embargo, ser un jugador de
equipo no significa que tengas que sacrificar tu integridad o salud.
Hay otra opción: establecer límites realistas, establecer
prioridades y fechas límite y negociar qué trabajo es más
importante, en qué centrarás tu atención y en qué plazo (realista)
lo terminarás antes de empezar con el siguiente. El burnout no es un
indicativo de fracaso, sino de que una persona ha dado de sí más de
lo que podía y debía dar.
Pero el burnout no sólo puede
producir endurecimiento y amargura. Cuando el estrés comienza a dar
lugar a
frustración e ira, aparecen la suspicacia y la desconfianza conforme
te atrincheras en tu armadura. Esto no sólo endurece tu actitud, sino que puede endurecer tus arterias también.
Complicaciones cardiovasculares,
tensión arterial alta, e incluso ataques
cardiacos prematuros pueden sobrevenir. Por este motivo, a veces es
preferible caer en la cuarta etapa antes que permanecer demasiado
tiempo bullendo en la tercera. Por supuesto, palabras como "fracaso,
impotencia y crisis" suenan bastante mal, pero una vez que
tocas fondo no puedes ir más abajo y no hay más dirección que la de
volver a subir.
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